
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por Felipe Castro:
En las áreas de poder; tanto en lo político como en lo privado ancestralmente se ha utilizado el fenómeno de la Intriga como talento para acceder a los ámbitos de poder, cuya vigencia es y será imperecedera porque el susurro de los Soplones por ocasión les sabe a Miel a los oídos de los que llegan al poder o huelen a poder, aun a aquellos que han sido víctimas recurrentementes de dicha conspicua miseria intrínseca de la perversidad de quien por gota de privilegio y chispa de canonjía dañan la reputación de quien verdaderamente lucha por principios y valores, sin darle valor a las nimiedades por la que el talentoso en intriga lucha.
Quien pasa de ser víctima de la intriga al poder o a área del mismo, olvida con facilidad que el intrigante es lambón por naturaleza, fiel intermitente e itinerante en abrazar una causa que, cuyo propósito sea de bien estar colectivo.
La intriga no es un fenómeno aislado, es parte importante del coctel de las miserias del hombre que con la sagacidad de la serpiente y el veneno del escorpión mina la estrechez de todo tipo de relaciones, mayormente las relaciones de poder.
Aunque la intriga como tal, es imperecedera, lo que ella genera es perecedero, ya que con el paso del tiempo la verdad emerge, aunque deja secuela al intrigado difícil de borrar, porque la verdad es tan liviana que fluye con el tiempo.
Intrigado fue José por la emperatriz mujer del emperador Sesostris II, intrigado por el amor no respondido por José, deseado por aquella mujer, intrigado por el mal, José ungido para el bien, según un verso bíblico todo obra para bien, intrigado fue Jesús frente al malvado Pilato por los bien llamados fariseos de la Roma antigua, la intriga no es ajena a las áreas de poder, es el medio utilizado por el oportunista e infiel, con el fin de ser simpático frente al que ostenta el poder, oportunista de memoria corta como Judas Iscariote qué mando a Jesús al garrote por monedas sin soporte, que consumada su traición se puso la soga al cuello, intrigado fue Jesús el príncipe heredero al trono y no seré intrigado yo, qué no valgo un pedo, mucho menos un coño. Intrigado seremos siempre los que tenemos el habido propósito de dignidad, justicia y verdad, por el farsante buscador de poder, intrigante talentoso para falsear la verdad, sin dar un paso atrás hasta alcanzar su propósito.