
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por Valentín Rosado Vicioso
Santo Domingo.-Tras casi cinco décadas de control político, represión sistemática y limitaciones severas a las libertades públicas impuestas desde la Revolución Islámica de 1979, la población de la República Islámica de Irán ha roto el silencio. Desde finales de diciembre de 2025, el país es escenario de una ola de protestas de gran magnitud contra el régimen teocrático-republicano encabezado por el ayatolá Ali Jameneí, máxima autoridad política y religiosa del Estado iraní.
Las manifestaciones comenzaron el 28 de diciembre de 2025, inicialmente impulsadas por el colapso económico, la inflación desbordada y el desplome del rial iraní. Sin embargo, en cuestión de días, las protestas evolucionaron hacia un movimiento de carácter nacional, político y abiertamente contestatario, dirigido no solo contra las políticas económicas, sino contra la propia estructura del régimen.
Irán, país estratégico de Oriente Medio que limita al norte con Armenia, Azerbaiyán, el mar Caspio y Turkmenistán; al este con Afganistán y Pakistán; al oeste con Turquía e Irak; y al sur con el golfo Pérsico y el mar de Omán, atraviesa actualmente uno de los episodios de mayor inestabilidad interna de su historia reciente.
El epicentro inicial se localizó en Teherán, capital del país, situada al pie de la cordillera de Alborz. Desde allí, la protesta se extendió rápidamente a más de un centenar de ciudades y localidades, entre ellas Isfahán y Fardis (centro-norte), Mashhad (noreste), Tabriz (noroeste), Shiraz (suroeste), Bandar Abbas (sur), así como Kermanshah y Hamedán (oeste). En todas estas zonas se han registrado enfrentamientos directos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
De acuerdo con reportes internos y estimaciones de organizaciones de Derechos Humanos, la represión ha dejado hasta la fecha más de quinientas personas fallecidas, centenares de heridos y miles de detenidos. La respuesta del Estado ha incluido el despliegue masivo de fuerzas antidisturbios, uso de gases lacrimógenos, (munición no letal) y detenciones arbitrarias.
Uno de los momentos más críticos se produjo el 8 de enero de 2026, considerado el punto de inflexión de la crisis. Ese día, en medio de una escalada de protestas y consignas abiertamente dirigidas contra el liderazgo supremo, el gobierno ordenó un apagón casi total de internet y de las telecomunicaciones, con el objetivo de limitar la difusión de información y aislar a los manifestantes. Lejos de apaciguar la situación, la medida intensificó la confrontación y elevó el número de víctimas.
Ante este escenario, la comunidad internacional observa con creciente preocupación. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha condenado públicamente la represión violenta y ha afirmado que su gobierno sigue “muy de cerca” los acontecimientos. Trump ha señalado que líderes iraníes han intentado establecer contactos indirectos, al tiempo que advirtió que podrían aplicarse “opciones muy fuertes” si la violencia persiste o si Irán cruza determinados límites.
Asimismo, el mandatario estadounidense afirmó haber conversado con el empresario Elon Musk para explorar alternativas tecnológicas que permitan restablecer el acceso a internet en Irán, incluso mediante sistemas satelitales, con el fin de que los manifestantes puedan comunicarse pese al bloqueo impuesto por Teherán. En sus declaraciones públicas, Trump reiteró su apoyo “al pueblo iraní en su búsqueda de libertad”, mensaje que, más allá de su tono solidario, constituye una clara advertencia al régimen de Jameneí.
Por su parte, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, expresó que su país sigue atentamente la evolución de los acontecimientos y manifestó su solidaridad con los manifestantes, calificando al régimen iraní como “un yugo de tiranía” del cual espera que el pueblo iraní logre liberarse. La postura israelí se alinea con sus preocupaciones históricas en materia de seguridad regional y la influencia iraní en Oriente Medio.
En Europa, Alemania, Francia y el Reino Unido —este último fuera de la Unión Europea desde el 31 de enero de 2020— emitieron una declaración conjunta condenando el uso de la fuerza contra los manifestantes y exhortando al gobierno iraní a respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales.
En un análisis más amplio, la repentina escalada de violencia en Irán añade un nuevo foco de tensión al ya complejo escenario geopolítico global. Para Estados Unidos, las preocupaciones no se limitan a Europa del Este, donde la guerra entre Rusia y Ucrania continúa desde febrero de 2022, sino que se extienden a América Latina, tras la reciente captura del exdictador Nicolás Maduro Moros en Venezuela y las persistentes inquietudes en torno a Cuba, Nicaragua y Colombia.
Irán se convierte así en una nueva pieza clave dentro de un tablero internacional cada vez más volátil, donde las crisis internas, las rivalidades regionales y los intereses estratégicos de las grandes potencias se entrelazan de manera peligrosa. El desenlace de esta protesta popular podría marcar un antes y un después no solo para el pueblo iraní, sino para el equilibrio de poder en Oriente Medio.
El autor es Mayor General (r) de la Policía Nacional Dominicana, piloto de helicópteros y Magíster en Defensa y Seguridad por la Universidad Nacional de Defensa (UNADE).







