
«Podría estar apoyando un envejecimiento más saludable»
Un estudio con más de 3800 adultos mayores en EEUU sugiere que la inmunización con la vacuna del herpes zoster no solo previene la enfermedad, sino que reduce la inflamación crónica y ralentiza los relojes moleculares del organismo
En la actualidad, el calendario común de vacunación en España establece la inmunización para las personas que cumplen 65 años
Científicos de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la Universidad del Sur de California (EEUU) han hallado una correlación significativa entre la vacunación contra el herpes zóster y la ralentización del envejecimiento biológico. Según la investigación, los adultos de 70 años o más que recibieron esta vacuna presentan niveles de inflamación más bajos y perfiles genéticos más ‘jóvenes’ en comparación con las personas no vacunadas.
El herpes zóster, causado por la reactivación del virus de la varicela-zóster, es conocido por provocar erupciones cutáneas dolorosas y complicaciones a largo plazo como la neuralgia postherpética. Sin embargo, este nuevo estudio, publicado en la revista Journals of Gerontology, sugiere que los beneficios de la inmunización podrían ir mucho más allá de evitar la infección aguda.
Actualmente, el calendario común de vacunación para toda la vida en España establece la inmunización para la cohorte de personas que cumplen 65 años. Además, el sistema de salud realiza una captación activa para vacunar progresivamente a los grupos de mayor edad, comenzando por los 80 años y descendiendo hasta los 65, con el fin de reducir la alta carga de hospitalizaciones que, en nuestro país, se concentran especialmente en mayores de 60 años (63,1 % de los casos ingresados).
Más allá del calendario: medir la edad del cuerpo
A diferencia de la edad cronológica, la edad biológica refleja el estado real de los órganos y sistemas. “Dos personas de 65 años pueden ser muy diferentes por dentro: una puede tener un perfil biológico más joven, mientras que otra muestra signos de envejecimiento prematuro”, explican las autoras.
Para medir este fenómeno, el equipo analizó datos de 3.800 participantes evaluando siete indicadores clave, incluyendo la inflamación crónica, la neurodegeneración y el envejecimiento epigenético y transcriptómico (cambios en cómo se activan los genes y se producen las proteínas). Incluso tras controlar variables sociodemográficas, los vacunados mostraron puntuaciones de envejecimiento biológico compuesto significativamente más bajas.
Fuente LA VANGUARDIA





