
Es altamente preocupante el nivel de ineficiencia que evidencian algunas instituciones públicas de la República Dominicana. Resulta contradictorio e indignante que, luego de haberse celebrado los Juegos Escolares Deportivos 2025 en este municipio, una gran parte de las instalaciones deportivas de los centros educativos permanezcan inhabilitadas o en condiciones deplorables. ¿Cómo se explica que ni el Instituto Nacional de Educación Física (INEFI) ni el Ministerio de Educación de la República Dominicana dispongan de los recursos necesarios para acondicionar y mantener los espacios destinados al desarrollo de actividades físicas y deportivas?

La provincia Duarte fue escenario de un evento nacional que implicó una inversión superior a los setecientos millones de pesos (RD$700,000,000). Sin embargo, la realidad que se vive en numerosos planteles educativos dista mucho de la imagen proyectada durante la celebración de dichos juegos. Centros como el Liceo Nueva Esperanza, la Escuela Fermín Rosario, la Escuela Antonio Mena Pantaleón y la Escuela Lorenzo Burgos, entre otros, presentan canchas deterioradas, tableros inservibles, verjas en mal estado y superficies que representan un riesgo para la integridad física de los estudiantes. En estas condiciones, se limita significativamente la posibilidad de que nuestros jóvenes desarrollen sus habilidades físicas, deportivas y competitivas en un entorno seguro y adecuado.
El deporte escolar no es un lujo ni un simple complemento del currículo; es una herramienta fundamental para la formación integral del estudiantado. A través de la educación física se fomentan valores como la disciplina, el trabajo en equipo, el respeto, la perseverancia y el liderazgo. Cuando las instalaciones no reúnen las condiciones mínimas para la práctica deportiva, no solo se afecta el rendimiento físico de los estudiantes, sino también su motivación y su derecho a una educación de calidad en todas sus dimensiones.

El presidente de la ADP, seccional San Francisco Oeste, Robert Frías, afirmó que mientras la propaganda y la publicidad pagadas por el INEFI abarrotan las redes sociales y los medios de comunicación locales y nacionales, proyectando una imagen de éxito y esplendor, en muchos centros educativos la realidad sigue siendo la misma: espacios abandonados, infraestructuras deterioradas y estudiantes que observan desde la distancia una narrativa oficial que no se corresponde con su experiencia cotidiana.
La brecha entre el discurso institucional y la realidad escolar es cada vez más evidente.
Frías agregó que, ante la indiferencia exhibida por algunas autoridades locales, regionales y nacionales vinculadas a este tema, resulta alarmante que se normalice esta situación.
Señaló que no es suficiente organizar eventos de gran magnitud si no se garantiza la sostenibilidad y el mantenimiento de las infraestructuras utilizadas. La responsabilidad pública no termina con la clausura de un evento ni con la publicación de fotografías en redes sociales; continúa con el seguimiento, la inversión responsable y el compromiso permanente con la comunidad educativa.

“Como ciudadano y maestro, me veo en la obligación moral y profesional de formular la siguiente interrogante: si una parte importante de las instalaciones deportivas de nuestros centros educativos se encuentra en deterioro total, ¿de qué manera puede el INEFI comunicar al país que los atletas que alcanzaron medallas en los Juegos Escolares desarrollaron sus habilidades en los planteles educativos, cuando estos no cuentan con la infraestructura adecuada para ello?
¿Cómo se construye el futuro deportivo de una nación sin garantizar primero las condiciones básicas en las escuelas?”, puntualizó Frías.
La educación y el deporte deben ir de la mano, sustentados en políticas públicas coherentes, transparentes y orientadas al bienestar real de nuestros estudiantes. Lo contrario no solo debilita el sistema educativo, sino que compromete el desarrollo integral de toda una generación.







