
Testigo del tiempo
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por J.C. Malone
En el 2001, George W. Bush marchó sobre Afganistán e Irak, para “reorganizar” la región, tardaría “unas pocas semanas”, prometió.
Miles muertos, trillones de dólares y 20 años después, en agosto de 2021, huimos deshonrosamente de Afganistán. En febrero de 2022, como sonámbulos, borrachos y arrebatados, armamos la guerra en Ucrania.
Lo de Irán es una continuación.
Trump combate el “Eje Diabólico”, de Bush, eran Irak, Irán y Corea del Norte. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, lleva 31 años agitando esta guerra.
Netanyahu usó a Bush para demoler Irak, a Obama para demoler Siria, Libia y Yemén; ahora a Trump para demoler Irán; solo cambian los nombres.
Washington no puede financiar y mantener simultáneamente guerras en Ucrania e Irán.
Este conflicto cambiará el balance del poder político-económico del Medio Oriente y del mundo, la última guerra estadounidense, puede ser esta, en Irán.
Esto trascendió la ya acostumbrada invasión y guerra estadounidenses. Imagínese cómo se sentirían los católicos si asesinan al Papa. Exactamente ese es el sentimiento de los chiitas del mundo, luego de que Trump y Netanyahu asesinaran al ayatolá Jomenei.
En una expresión dramática del Medio Oriente, aquí no se inició una guerra.
“Abrieron todas las puertas del infierno”, quizá nuestros nietos vivirán las consecuencias. ¿Hasta dónde subirán los precios del petróleo?
Mataron al Papa de unos 70 millones de iraníes, el ayatolá Alí Jamenei. ¿Cómo reaccionarán unos 300 millones de chiitas del área? Incendió la región.
Ahora tenemos 11 naciones en guerra. Estados Unidos e Israel contra Irán y el Líbano. Irán contraatacó a Israel y bases militares estadounidenses en Jordania, Kuwait, Bahréin, Catar, Arabia Saudita y Dubái.
Washington y los europeos instruyen a sus diplomáticos “no esenciales” a que abandonen el área, los demás deben refugiarse donde estén.
También guerrean Pakistán y Afganistán, tendremos guerras durante suficiente tiempo, para olvidarnos de las atrocidades de la élite, reveladas en los papeles de Epstein.
¿Será “coincidencia” toda esta cuestión? Esto puede convertirse en una pesadilla larga, tortuosa y laberíntica.






