
La base de Rota desempeña un papel clave dentro del sistema de defensa de la OTAN
Agregar un billón de dólares de deuda es una señal de alarma para cualquier país, pero si se hace en apenas cinco meses, aún más. Estados Unidos ha superado esta semana los 39 billones de dólares, lo que supone más del doble del tamaño de la economía europea, por ejemplo. Esto implica el pago de casi un billón de dólares en intereses al año, una cifra que causa estragos en las cuentas del Estado, pero también en las de las familias.
El ritmo de endeudamiento se ha frenado ligeramente, pese a lo cual se prevé que se alcance la cota de los 40 billones antes de que lleguen las elecciones legislativas de noviembre. Unas cifras nunca vistas que limitan cada vez más la capacidad de actuación de la Reserva Federal al tiempo que pone en riesgo al dólar como divisa de referencia y a los bonos del Tesoro de EEUU como lugar refugio.
La presidenta del Comité para un Presupuesto Federal Responsable (CRFB, por sus siglas en inglés), Maya MacGuineas, ha calificado esta semana la nueva cifra como un «hito vergonzoso que ambos partidos han ayudado a construir durante décadas y que ninguno parece particularmente interesado en controlar».
MacGuineas recuerda que «abandonar nuestras responsabilidades fiscales» y seguir aumentando este endeudamiento puede asustar cada vez más a los mercados, lo que «exacerba las presiones inflacionarias, expulsa la inversión de nuestra economía», afecta al gasto en defensa y les deja expuestos a emergencias y crisis geopolíticas.
David Ditch, del Economic Policy Innovation Center (EPIC, por sus siglas en inglés) recuerda que el auge del endeudamiento se ha producido sin que medie ninguna gran operación militar, una recesión o se hayan lanzado paquetes de estímulos de gasto. «En otras palabras, la rápida acumulación de la deuda se debe fundamentalmente a problemas estructurales y no a eventos», resume.
También la Peter G. Peterson Foundation ha dado la voz de alerta sobre lo que está ocurriendo, poniendo el foco en la calificación de la deuda. Sus analistas recuerdan que las principales agencias de calificación han reiterado su preocupación al respecto desde hace más de una década. El hecho de que S&P y Moody’s ya no le concedan la nota de ‘AAA’ la ubica por debajo de países como Alemania o Canadá y la pone a la altura de Austria. «Si el dólar no fuese la divisa mundial de reserva, nuestra nota crediticia podría caer aún más», señalan.
A ello se suma la diferencia en déficit y en deuda sobre el PIB. De las grandes economías occidentales, EEUU es la única con un déficit sobre PIB de un 8% (cerca de 2 billones anuales) y la segunda con mayor deuda sobre el PIB, con un 122%, sólo por detrás del 230% de Japón.
Intereses y una Fed maniatada
El pago de intereses de la deuda tampoco parece tener freno. Entre 2017 y 2021, el pago promedio anual fue de 332.000 millones, una cifra que ascendió a 970.000 millones el pasado año y que se prevé que se sitúe en 1,04 billones en el año fiscal 2026. Incluso la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés), señala que a lo largo de la próxima década llegará a promediar los 1,6 billones de dólares anuales (aproximadamente el PIB actual de España).
Proporcionalmente, el nivel actual de deuda supone más de 289.000 dólares por cada hogar estadounidense, de los que 7.700 dólares serían únicamente para cubrir el pago de intereses de este año.
Si los tipos de interés continúan subiendo, esas cifras entrarán en un círculo vicioso por el cual EEUU deberá endeudarse cada vez más para pagar la deuda, elevando la inflación en el conjunto de la economía, teniendo que incrementar los tipos y encareciendo aún más los intereses.
De hecho, esta situación ubicaría a la Reserva Federal en un dilema imposible. Si trata de controlar la inflación, subiría los tipos de interés, condenando al Tesoro a pagar cada vez más intereses. Y si refrena el auge del precio del dinero para controlar los intereses, se podría entrar en un ciclo de inflación estructural.
Efectos sobre la economía y las familias
Desde Peterson advierten de que, si los inversores dejan de confiar en la seguridad de los bonos del Tesoro, esto obligará a incrementar los intereses a pagar. A su vez, esto incrementaría la tensión sobre los tipos de interés fijados por el banco central.
Cuando el pago de los interes de la deuda aumenta, el Estado tiende a pedir prestado de nuevo. Otros captadores de fondos, como los préstamos personales, hipotecas o préstamos a empresas, necesitarán subir su compensación en intereses para atraer ese capital que, en principio, puede recalar antes en la deuda soberana por su mayor seguridad.
Todo esto encarecerá los créditos hipotecarios de las familias y el dinero que las empresas hayan pedido prestado, lo que a su vez redundará en una ralentización del crecimiento económico y de la creación de empleo.
Por ello, todos los analistas mencionados piden un acuerdo político bipartidista para poner coto a la deuda pública estadounidense y priorizar las necesidades reales del país. «El Congreso puede prevenir una crisis fiscal reduciendo el tamaño de sus déficits», resume Ditch.
Trump: promesas y realidades
El presidente de EEUU, Donald Trump, prometió durante su campaña electoral de 2016 una reducción drástica de la deuda federal, incluso eliminarla en un periodo de ocho años. Cuando él asumió la presidencia en enero de 2017, esta se situaba en 19,9 billones y hoy ha superado los 39, prácticamente doblando la cuantía.
Además, no parece que el inquilino de la Casa Blanca tenga en mente controlar el gasto. Esta misma semana ha solicitado al Congreso una financiación adicional de 200.000 millones de dólares para la guerra en Irán. «Se necesita dinero para matar a los malos», dijo el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en rueda de prensa.
El Pentágono ha informado a los legisladores de que la primera semana de guerra en Irán costó 11.300 millones de dólares a las arcas estadounidenses.
Mientras, la Reserva Federal decidió el miércoles mantener los tipos de interés estables en el rango del 3,5 al 3,75%. En su comparecencia ante los medios, el presidente de la Fed, Jerome Powell, indicó que es «incierto» cómo puede afectar la guerra en Irán a la economía estadounidense: «En el corto plazo, la subida de los precios de la energía tirará al alza de la inflación, pero es demasiado pronto para saber la fuerza y la duración de los efectos potenciales en la economía». Nada se dijo en la rueda de prensa sobre el gigantesco problema de la deuda nacional.
Fuente: Vozpopuli






