
De infancias marcadas por rupturas a una relación estable que desafía las normas tras 25 años juntos y cuatro hijos en común
«La historia de amor más infravalorada de Hollywood», así es como algunas personas definen la relación de Enrique Iglesias y Anna Kournikova, quienes siempre se han mantenido alejados de los escándalos y con su vida privada en la más estricta intimidad. Pero lo cierto es que la fortaleza de su unión lleva fascinando desde los 2000 y ahora, habiendo superado el paso del tiempo y como padres de su cuarto hijo, son la prueba del amor resiliente.

Pero antes de su familia numerosa, los caminos de Enrique y Anna se cruzaron cuando estaban disfrutando de sus respectivos éxitos. De hecho, se conocieron en diciembre de 2001 para la grabación de la canción Escape del artista. Un vídeo donde la tenista era el interés romántico del cantante y hasta aparecían compartiendo besos llenos de pasión.
Como el hijo de Isabel Preysler confesaría más adelante, ya era un gran admirador de ella por su brillante trayectoria profesional. Además, la química traspasó la cámara y no tardaron en empezar a salir juntos sin medias tintas: hicieron pública su relación en agosto de 2002 cuando posaron en la alfombra roja de los MTV Video Music Awards.

Sin embargo, poco a poco, las apariciones de la pareja empezaron a espaciarse. En 2003 Anna se retiró del mundo del tenis por diversas lesiones y se fue alejando del foco mediático. La prensa, en las pocas ocasiones en las que coincidía con la exdeportista y el cantante, aprovechaba para preguntar por el altar. Un paso que ninguno de los dos ha tenido ilusión por dar, ya que vienen de familias con matrimonios que han llegado a su fin.
Lo que no quita que hayan estado disfrutando de una vida discreta, pero llena de amor en Miami. La familia Iglesias Kournikova se amplió en 2017 con el nacimiento de los gemelos, Nicholas y Lucy. En enero de 2020 nació su tercera hija, Mary. Y la última sorpresa la ha dado la tenista al publicar en su Instagram una foto del benjamín de la familia: Romeo, que nació en diciembre de 2025.
Comprensión en todos los niveles
Este diciembre cumplirán 25 años desde que se conocieron, así que no es de extrañar preguntarse qué es lo que ha hecho de su unión una historia inquebrantable. Por lo que Enrique Iglesias comentó hace unos años a la revista People, en aquella primera toma de contacto, su complicidad fue inmediata.
«Aunque ella venía del mundo del deporte, de alguna manera, nos entendimos. Ella sabía cómo era mi mundo. Yo más o menos sabía cómo era su mundo. Así que ese entendimiento ayudó mucho», explicó al medio. «Simplemente comenzamos a conectarnos poco a poco y nos hicimos más fuertes y más fuertes y más fuertes».

Si en ese momento parecía que hablaba solo del deporte, lo cierto es que haber compartido problemas familiares, tanto en su infancia por las relaciones fallidas de sus padres, como los roces durante la vida adulta, también fueron un punto de unión. En 2004 la tenista expulsó a sus padres de la casa familiar compartida en Miami y Enrique Iglesias se alejó de su familia cuando cumplió 18 años, lo que desarrolló Isabel Preysler en su autobiografía explicando la distancia que existe entre su exmarido y su hijo.
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En cambio, en vez de dejar que eso se convirtiera en ejemplo a seguir o patrones a replicar, han hecho todo lo contrario. Apostando por una vida familiar íntima y construida desde sus propias reglas, y no pensando en las expectativas externas, se han alejado de esa herencia emocional. La solidez de su relación no depende de la etiqueta del matrimonio, sino del compromiso diario, la lealtad mutua y la discreción que no depende de la validación del público.
Fuente: Telemadrid







