
Por Ramón Leonardo

Hoy, como cada año en este tiempo sagrado,
la Iglesia Católica nos ha presentado
una profunda reflexión basada en las Siete Palabras de Jesús en la cruz,
en este día de Viernes Santo.
Y como siempre…
la Iglesia no señala… pero ilumina.
No acusa… pero invita a la conciencia.
Hoy se nos ha hablado del perdón…
de la misericordia…
de la responsabilidad que tenemos unos con otros…
del dolor del abandono…
de la sed de justicia y de verdad…
del cumplimiento de nuestra misión…
y de la necesidad de poner nuestra vida en manos de principios firmes.
Y yo personalmente creo…
que estas palabras, en estos tiempos, tienen un valor especial.
Porque la Iglesia no habla para un momento…
habla para la vida.
Y cuando nos invita a reflexionar sobre el abandono,
sobre la sed,
sobre la responsabilidad…
no está hablando solo de la cruz de hace dos mil años…
está hablando también de nuestra realidad.
Por eso…
yo creo, si fuera presidente de la república, que como pueblo debemos detenernos un momento…
y preguntarnos:
¿Estamos actuando con responsabilidad unos con otros?
¿Estamos siendo justos?
¿Estamos atendiendo el dolor de quienes se sienten abandonados?
¿Estamos cumpliendo con nuestra misión como sociedad?
Porque las Siete Palabras de Jesús en la cruz
no son solo un recuerdo…
son una guía.
Una guía para vivir mejor…
para actuar mejor…
para construir una sociedad más humana,
más justa,
y más consciente.
Y si algo nos enseña este momento…
es que los cambios verdaderos
no comienzan señalando hacia afuera…
comienzan dentro de cada uno de nosotros.
Que Dios ilumine nuestras conciencias…
y nos dé la sabiduría
para hacer lo correcto.
Y en medio de esta reflexión…
en medio de estas palabras que hemos escuchado hoy…
hay algo que no podemos ignorar:
Hay una sed…
Una sed profunda…
que no se calma con cosas materiales…
que no se resuelve con palabras vacías…
que no se esconde con distracciones.
Es la sed del alma.
Como dice el salmista:
“Como el ciervo jadea por las corrientes de las aguas,
así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo…”
Y hoy…
no es solo un alma la que clama…
Es un pueblo.
Un pueblo que busca…
un pueblo que siente…
un pueblo que espera…
Un pueblo con sed de verdad…
sed de justicia…
sed de sentido.
Y quizás…
ese es el llamado más profundo de este momento:
Volver a lo esencial.
Volver a la conciencia.
Volver a lo que realmente sostiene la vida.
Porque cuando el alma tiene sed…
nada la sustituye.
Y cuando esa sed se reconoce…
comienza el camino.
Que Dios ilumine nuestras conciencias…
y nos dé la sabiduría
para responder correctamente
a esta hora que vivimos en la República Dominicana.
El país del amor eterno.








