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Por José Armando Toribio
Santiago de los Caballeros–La discusión sobre la explotación minera en San Juan de la Maguana ha reavivado un debate que va más allá de la economía, porque el verdadero valor de un pueblo no se mide solo por el dinero que pueda generar una empresa extranjera, sino también por la dignidad de su gente, la protección de sus recursos naturales y el respeto a su identidad histórica y cultural.
Durante la marcha realizada el pasado domingo quedó evidenciado que gran parte del pueblo sanjuanero no comparte el discurso de algunos comunicadores de Santo Domingo, quienes presentan a San Juan como una provincia condenada a la pobreza y necesitada de la minería para alcanzar el desarrollo, ignorando décadas de trabajo agrícola y producción nacional.
San Juan ha vivido históricamente de la tierra, de la producción agrícola y de la ganadería, además de contar con importantes reservas acuíferas que representan una de sus mayores riquezas, por eso muchos consideran preocupante que ahora se quiera imponer la idea de que únicamente la explotación minera puede sacar a la región del atraso.
Muchos ciudadanos cuestionan que desde oficinas, radio y televisión en la capital se pretenda decidir el destino de una provincia cuya realidad solo conocen quienes viven allí, porque ningún discurso mediático puede tener más peso que la experiencia diaria de las comunidades que dependen de la tierra y del agua para sobrevivir.
La experiencia de Sánchez Ramírez también forma parte del debate actual, ya que aunque allí opera desde hace años la empresa minera Barrick Gold, muchos dominicanos consideran que la riqueza prometida no se refleja de manera proporcional en las condiciones de vida de las comunidades cercanas.
Por esa razón, crecen las dudas sobre si la minería realmente representa desarrollo colectivo o si termina beneficiando únicamente a sectores específicos, especialmente cuando algunos comunicadores presentan estas iniciativas como la única salida económica posible para provincias con altos niveles de necesidad.
Uno de los aspectos más delicados del debate es el intento de desacreditar la voz de los propios sanjuaneros, como si defender el agua, la agricultura y la estabilidad ambiental fuera una muestra de atraso, cuando en realidad se trata del derecho legítimo de un pueblo a decidir el futuro que desea construir.
San Juan no necesita sueños disfrazados de progreso, necesita apoyo al campo, inversión sostenible, oportunidades para los jóvenes y protección de sus recursos naturales, porque el verdadero desarrollo no puede construirse destruyendo aquello que durante décadas ha mantenido viva a toda una provincia.








