
Diez años después, el laborismo vuelve a plantear una vuelta a la Unión Europea para superar su crisis interna de cara a las elecciones generales previstas para 2019
El Brexit vuelve a protagonizar la política británica. Se cumplen ahora diez años del histórico referéndum y, aunque el debate sobre las relaciones con la UE nunca ha desaparecido del todo —algo comprensible teniendo en cuenta que el bloque sigue siendo el principal socio comercial del Reino Unido—, el desgaste político y emocional provocado por años de enfrentamientos llevó a intentar enterrarlo.
Sin embargo, la batalla por el liderazgo laborista y la posibilidad, cada vez más real, de que los británicos tengan un nuevo inquilino en Downing Street —sería el séptimo en apenas una década— han vuelto a situar la cuestión en primera línea, con todos los riesgos que ello implica en un sistema donde el viejo bipartidismo parece haber saltado por los aires ante el auge del populismo.
El primer ministro, Keir Starmer, ha abierto la puerta a la posibilidad de que Reino Unido vuelva a ingresar algún día a la UE. Es más, no se descarta que una promesa en esa dirección pueda terminar incorporándose al programa electoral laborista de cara a las próximas generales previstas para 2029. El problema es que muchos interpretan el movimiento como una maniobra para perjudicar a su gran rival dentro de la batalla abierta por el liderazgo del partido tras el batacazo sufrido en las elecciones locales y regionales de principios de mayo.
Un debate perjudicial
Su principal rival, Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester, presentó oficialmente su campaña para las elecciones parciales que se celebrarán el próximo mes en el distrito de Makerfield y que podrían facilitar su regreso a Westminster, dándole la oportunidad, ya como diputado, de desafiar al todavía primer ministro. «Se puede sentir hoy aquí esperanza en el ambiente», señaló. «Esto no es lo de siempre. Esto no es más de lo mismo. La política británica está cansada. Necesita un nuevo enfoque. Y durante las próximas cuatro semanas, la gente de Makerfield va a escribir un nuevo guion», añadió.
Burnham parte como favorito. Pero, aunque el jueves centró su discurso en cuestiones locales, una reapertura del debate europeo por parte del Gobierno podría perjudicarle seriamente, ya que Makerfield, un distrito obrero del llamado Muro Rojo del norte de Inglaterra, votó mayoritariamente a favor del Brexit. Los enfrentamientos internos están beneficiando al populismo de Reform UK, cuyo candidato, Robert Kenyon —fontanero local y reservista del ejército—, ha irrumpido con fuerza en una contienda que podría alterar el rumbo político de Westminster durante los próximos años.
Ganar cualquier carrera por el liderazgo laborista nunca iba a resultar sencillo sin adoptar una posición clara sobre la UE. La mayoría de los afiliados del partido apoyaron la permanencia y siguen lamentando la salida del bloque. Incluso antes del inicio formal de una competición interna, parecía inevitable que los aspirantes trataran de superarse mutuamente con propuestas cada vez más ambiciosas. Pero las circunstancias dificultan el escenario.
Las elecciones locales
Según las encuestas, las bases prefieren a Burnham frente a Starmer. Sin embargo, el alcalde del Gran Manchester se ve obligado ahora a caminar sobre una línea muy fina: antes de aspirar a Downing Street, necesita regresar a Westminster y, para ello, debe ganar primero unas elecciones parciales en una circunscripción obrera ampliamente euroescéptica.
Burnham había apoyado anteriormente revertir el resultado del referéndum de 2016. Sin embargo, durante la cumbre Great North celebrada esta semana en Leeds insistió en que «respeta» el Brexit y afirmó que no era el momento de «volver a librar» viejas batallas. Prometiendo «volver a unir a la gente», añadió: «Reino Unido seguirá atrapado en un estancamiento permanente si estamos constantemente discutiendo y la gente continúa alejándose unos de otros».
Por su parte, preguntado sobre si quería volver a la UE en algún momento, Starmer respondió: «Este año tenemos otra cumbre con la UE donde vamos a dar un paso muy importante en nuestra relación, acercándonos más. Eso es lo que pretendo hacer, no perderme en un debate sobre lo que podría ocurrir dentro de años». Un portavoz de Downing Street evitó descartar un eventual regreso al bloque y añadió: «No voy a hacer compromisos sobre las próximas elecciones».
Según The Telegraph, Downing Street ha sondeado la opinión de figuras destacadas del laborismo —incluidos dirigentes locales de zonas favorables al Brexit— sobre la posibilidad de que Starmer abandone sus líneas rojas» respecto a un regreso a la unión aduanera o al mercado único.
Recuperar votantes
Aunque Starmer ha asegurado en privado a sus ministros que no modificará su posición sobre la UE antes de las próximas elecciones, algunos miembros del gabinete presionan para estrechar relaciones con Bruselas con el objetivo de recuperar votantes progresistas que han emigrado al Partido Verde. La idea ha provocado una fuerte reacción entre sectores del partido, que consideran que una promesa de volver a la UE destruiría cualquier posibilidad de recuperar apoyo en los antiguos bastiones obreros del llamado Muro Rojo. David Lammy, ministro de Exteriores, aseguró que el partido mantendría sus líneas rojas hasta las próximas elecciones, aunque evitó comprometerse sobre futuros programas electorales.
Las alternativas tampoco son sencillas. Una unión aduanera compensaría solo parcialmente el impacto económico del Brexit y podría vincular a Reino Unido a acuerdos comerciales europeos sobre los que no tendría capacidad de decisión. Del mismo modo, regresar al mercado único implicaría aceptar normas fijadas por Bruselas, con Londres siendo consultado quizá, pero sin capacidad de voto. Lo que funciona para Noruega no necesariamente funcionaría para Reino Unido, especialmente porque el modelo noruego se sustenta en una despolitización de la cuestión europea que parece difícil imaginar en la política británica actual.
Mientras tanto, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, recordó que «la puerta de la UE sigue abierta para Reino Unido»: «Existe una ventana y un impulso que no existían hace dos años y que podrían no existir dentro de otros dos».
Fuente: La Razón






