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Por Becker Márquez Bautista
He visto recientemente en los medios y plataformas digitales a ciertos individuos —que se autoproclaman representantes de un candidato de microondas— afirmar con ligereza que este funcionario es el «padre del turismo» y el único responsable de impulsar esta industria en la República Dominicana. Semejante osadía es más falsa que decir que lloverá miel de abeja en el pueblo de la amargura. Definitivamente, ustedes no descubrieron el agua tibia.
Para hablar con propiedad sobre el origen y la paternidad del turismo en nuestra patria, es obligatorio quitarse el sombrero ante la memoria histórica de Don Ángel Miolán. Designado en 1968 como director de Turismo por el presidente Joaquín Balaguer, Miolán fue el verdadero visionario y el auténtico padre de esta industria. Durante su gestión se produjo la promulgación de la Ley Orgánica de Turismo (1969) y la Ley de Incentivos Turísticos, bases jurídicas que cimentaron el sector. En una época donde nadie creía en el potencial de nuestras playas y nos llamaban locos por apostar al turismo, Don Ángel recorrió el país palmo a palmo, diseñó las primeras estrategias de promoción internacional y sembró la semilla de lo que hoy cosechamos. Pretender borrar su legado pionero para otorgarle el título de «padre» a un gestor de turno es un acto de mezquindad histórica inaceptable. El éxito actual es el resultado de una política de Estado acumulativa, no de un mesianismo de última hora.
Cada ministro de Turismo ha realizado sus aportes al desarrollo de esta industria en distintas etapas de nuestra historia. Un ejemplo de ello fue la gestión de Don Fello Suberví, quien tuvo el honor de dirigir este ministerio en dos períodos cruciales: desde el 16 de agosto de 1982 al 16 de agosto de 1986, y posteriormente desde el 16 de agosto de 2001 al 16 de agosto de 2004. Estas ejecutorias demuestran que el posicionamiento actual de la República Dominicana se ha construido paso a paso, sumando los esfuerzos y la visión de líderes que asumieron su rol con responsabilidad institucional, lejos del espectáculo y la propaganda personal.
¿Por qué los números no mienten?: Veamos la verdadera plataforma del crecimiento
La terca realidad de los datos económicos demuestra que el actual auge turístico no es un milagro espontáneo, sino la continuidad de una meta agresiva y planificada. Fue el expresidente de la República, Danilo Medina, quien en el año 2012 estableció la meta país de atraer 10 millones de turistas anuales, trazando la hoja de ruta que transformó el sector.
Las estadísticas oficiales del período 2012-2020 sepultan cualquier intento de manipulación mediática:
El motor de la economía: Gracias a una estrategia transversal, el país recibió la impresionante cifra de 46.9 millones de turistas entre 2012 y 2020, consolidando a la República Dominicana en la primera posición de la región en recepción de visitantes no residentes.
Crecimiento sostenido: El flujo turístico pasó de 4.6 millones de visitantes en 2012 a 7.5 millones en 2019 (de los cuales 6.4 millones ingresaron vía aérea y 1.1 millones a través de cruceros), dejando la meta de los 10 millones prácticamente al alcance de la mano.
Inyección de divisas: La generación de divisas del sector experimentó un salto cuántico, incrementándose de 4,500 millones de dólares en 2012 a 7,468 millones de dólares en 2019, convirtiéndose en el segundo mayor generador de ingresos de la economía nacional, solo superado por las exportaciones generales.
Para que entiendan de una vez por todas que ustedes no han descubierto el agua tibia —ni el «agua en funditas»—, basta con mirar nuestra trayectoria internacional: la República Dominicana ha participado en la Feria Internacional de Turismo (FITUR) en Madrid durante 45 ediciones ininterrumpidas, asistiendo desde su primera entrega en 1981. Asimismo, en la Bolsa Internacional de Turismo de Berlín (ITB Berlín), la feria más grande de Alemania, nuestro país ha mantenido una presencia sostenida durante más de 30 años consecutivos, consolidando mercados clave mucho antes de que el marketing de microondas existiera.
El peligro de los liderazgos de laboratorio
El peligro inminente de estas candidaturas de microondas radica en su absoluta falta de sustancia, procesos y lealtad. Son figuras infladas de la noche a la mañana por el dinero y el marketing, caracterizadas por un profundo desapego y desprecio hacia los dirigentes partidarios de las bases; esos hombres y mujeres que se desgastan bajo el sol construyendo las estructuras políticas mientras estos productos de laboratorio bajan en paracaídas a reclamar glorias ajenas. Un proyecto político sostenido sobre el olvido de su militancia y la imposición de figuras vacías es un cascarón destinado al fracaso.
Los gobernantes y sus funcionarios están obligados a gobernar con la verdad y no con el ego. Gobernar desde la vanidad personal solo conduce a cometer errores graves; errores que, al final del camino, el pueblo siempre descubre, pues la propia realidad se encarga de desnudar las falsedades.
Debemos gobernar con la verdad, no con el ego
Desde nuestra trinchera en Visión, Cambio y Valores, sostenemos que el desarrollo de una nación se logra respetando la continuidad del Estado y honrando a quienes trabajaron antes. Es muy fácil mercadearse con trajes elegantes, luces de estudio y videos de alta definición para atribuirse el éxito de una maquinaria que ya estaba aceitada y corriendo a máxima velocidad.
El turismo dominicano es una obra de los hoteleros, de los trabajadores del sector, de la hospitalidad de nuestra gente y de décadas de políticas públicas sostenidas desde los tiempos de Ángel Miolán hasta los gobiernos recientes. Al candidato de microondas y a sus palmeros les recordamos que el cargo de ministro es para administrar con humildad el patrimonio de todos, no para utilizar las instituciones del Estado como una plataforma de modelaje político y alimentación de egos personales. La historia y los números están escritos, y la verdad no se tapa con propaganda engañosa.
Permítanme darles un consejo: traten de vender a su candidato de microondas destacando otras virtudes, que estoy convencido de que las tiene, y dejen de adjudicarse lo que los grandes empresarios del sector y otros actores fundamentales han sembrado con tanto sacrificio. Sean más humildes, bájenle un tono a la soberbia y construyan una propuesta con base en la verdad; jamás sobre la mentira o los inventos mal elaborados.







