
El presidente de Castilla-La Mancha volvió a ser el único dirigente que cuestionó abiertamente al secretario general
El PSOE ha celebrado este sábado en Madrid el Comité Federal, máximo órgano del partido entre congresos, en medio de una enorme crisis política. La proliferación de casos de corrupción, que se prolonga desde hace más de un año, ha sumido al partido en estado de «shock».
Lo llamativo es que las investigaciones judiciales abiertas se convirtieron ayer ese elefante blanco que todo el mundo ve en la habitación pero del que nadie quiere hablar. Por eso, según fuentes presentes en el cónclave socialista, el protagonismo acabó concentrándose en Emiliano García-Page.
El presidente de Castilla-La Mancha volvió a ser el único dirigente que cuestionó abiertamente al secretario general, Pedro Sánchez. Y el único que vino a gritar. «¿Pero es que no veis el elefante?». Page reclamó autocrítica a los suyos por haber encadenado cuatro derrotas electorales seguidas en menos de un año.
El barón socialista también lamentó que su partido esté atravesando, a su juicio, «el peor momento de su historia reciente»; insistió en que hace un año que debieron convocarse las elecciones generales y volvió a reclamar nuevos «cortafuegos» frente a la corrupción, como la presentación de una querella contra Leire Díez, para desvincular al partido de las actuaciones que investiga el juez Santiago Pedraz en la Audiencia Nacional.
Según distintas fuentes presentes, buena parte de quienes intervinieron después (hasta 33 de 50) dedicaron sus discursos, de forma más o menos explícita, a responder a los planteamientos de García-Page. Y eso que los trasladó, según explica él mismo, «con mucha educación». La realidad es que la reflexión del PSOE no gira alrededor del boquete abierto por la corrupción. El pensamiento único del Comité Federal es cerrar filas con el líder. «Es importante trasladar a los miembros del comité que la derecha y la ultraderecha vienen a por los rojos. Van a por ellos. Esto es un acoso y derribo», explica una fuente gubernamental.
En el entorno de Page resumían gráficamente lo sucedido al término de la reunión. «Al final, el Comité Federal ha terminado siendo un comité contra Page», lamentan. La queja no responde únicamente al contenido de las intervenciones, sino al hecho de que la práctica totalidad de los dirigentes optara por defender sin matices al secretario general sin cuestionar el rumbo y la estrategia desplegada por la dirección para contener el brutal coste político de los escándalos. Nadie preguntó por qué había cloacas ni cómo se crearon. Por si acaso, poco antes, el presidente frenó las preguntas cuando dijo que el partido ya reaccionó expulsando a los corruptos.
En cualquier caso, un ministro que participó en el comité niega una operación para aislar al presidente castellanomanchego y sostiene que lo ocurrido ayer refleja el sentir mayoritario del PSOE. «El comité representa fielmente lo que es el partido. Esto es lo que sucedería en cualquier asamblea de cualquier agrupación», resume. Pero la federación más belicosa del socialismo eleva el debate del plano orgánico al electoral. «El problema es que… ¿Cuántos militantes tiene el PSOE, unos 170.000? ¿Y cuántos votos hacen falta para gobernar España? No podemos hablar para nosotros mismos», replican fuentes próximas al presidente castellanomanchego.
Ese intercambio resume la discusión de fondo que intenta abrirse camino dentro del PSOE pero que el presidente impide. Mientras la dirección interpreta el respaldo casi unánime del Comité Federal como una demostración de fortaleza interna en un momento de asedio, el entorno de Page cree que el partido corre el riesgo de confundir el apoyo de sus cuadros con el respaldo de la mayoría social. En otras palabras: que el PSOE acabe convenciendo solo a los militantes mientras deja de convencer a los ciudadanos.
Las críticas del equipo de García-Page van más allá. A su juicio, la propia composición del Comité Federal dificulta que afloren posiciones discrepantes. Denuncian que el órgano se ha ido llenando de ministros, secretarios de Estado, delegados del Gobierno y dirigentes cuya responsabilidad institucional depende directamente de Moncloa o de la dirección federal, lo que, sostienen, impide el debate interno.
«No se ha hablado de Koldo, ni de Leire Díez, ni de ninguno de los casos que el propio presidente aseguró hace unos días que ya estaban atajados», lamentaban al término de la reunión. La verdad es que el partido volvió a responder a la mayor crisis de su historia reciente sustituyendo la autocrítica por el cierre de filas en torno al secretario general.
En la silla opuesta a Page se sentó el presidente catalán, Salvador Illa. El exministro de Sanidad llamó a sus compañeros a sentirse «orgullosos» de ser socialistas, reivindicó la lealtad al líder y proclamó que la pregunta que debían hacerse no es ya cómo no van a seguir, como ha venido cacareando el presidente en sus últimas intervenciones, sino cómo no van a ganar, en un intento por insuflar ánimo a una organización que parece deprimida y que asume que la situación es «muy compleja».
La única crítica interna que encontró un cierto consenso entre dirigentes de distintas federaciones fue la necesidad de que el Gobierno presente cuanto antes un proyecto de Presupuestos Generales del Estado. Varios responsables territoriales, como el presidente asturiano, Adrián Barbón, coincidieron en que la legislatura necesita despejar esa incógnita lo antes posible para recuperar iniciativa política de cara las próximas elecciones generales que Sánchez volvió a situar en 2027 y con él como candidato «hasta 2031». Fue la primera vez que el líder socialista fijó ese umbral.
El Comité Federal proyectó una imagen de unidad en torno a Pedro Sánchez que su entorno valora positivamente. Fuentes del partido admiten que Sánchez necesitaba un espaldarazo de los suyos en mitad de la tormenta, La dirección, por tanto, logró el objetivo que se había marcado: convertir el cónclave en un alto de exaltación al secretario general.
Aunque, en verdad, Sánchez no acudió a la calle de Ferraz para responder a la crisis abierta por la corrupción. Acudió para responder a una crisis de liderazgo y eso fue lo que quiso frenar. Cada vez más ojos están encima de él. Por eso, el presidente del Gobierno decidió marcar el debate durante su intervención a puerta abierta.
Sánchez no citó a Santos Cerdán ni a Leire Díez ni abordó las consecuencias políticas de las investigaciones judiciales. Simplemente lanzó una pregunta implícita al auditorio: ¿estáis conmigo o contra mí? De manera que es la supervivencia del líder, el presidente del Gobierno, la que sustituye el debate sobre las causas de la crisis que le tiene acorralado. Sánchez no analizó ante los suyos qué ha ocurrido dentro del PSOE, sino que planteó a los suyos si le respaldan o no frente a una supuesta ofensiva externa.
Fuentes de la dirección mostraron su satisfacción al término del encuentro. La mayoría de federaciones dieron a Sánchez un cheque en blanco para que saque las urnas «cuando quiera». No obstante, ha asegurado a los suyos que hará coincidir las elecciones generales con las municipales y autonómicas.
Fuente: La Razón







