
La mayoría de los españoles pone la conciliación por delante del salario y el 64% denuncia su escasez, según un estudio de la Sociedad Barcelonesa de Estudios Económicos y Sociales (SBEES) de Foment del Trebal
El mercado laboral español expulsa el talento mientras las vacantes se disparan. España ha perdido 147.424 jóvenes desde la crisis económica; la cifra se trabajadores que dejan voluntariamente su empleo se ha disparado un 51% desde 2019 y el volumen de puestos sin cubrir prácticamente se ha triplicado entre 2014 y 2025, según recoge el informe «Trabajo y Empresa: los nuevos retos laborales en España», un análisis de la Sociedad Barcelonesa de Estudios Económicos y Sociales (SBEES) de Foment del Treball.
Unos de los principales desafíos es el relevo generacional. La participación laboral de los jóvenes ha descendido desde más del 67% a comienzos de siglo hasta estabilizarse en torno al 54% desde 2019. Entre 2008 y 2025 el país perdió una media anual de 8.672 jóvenes españoles de 25 a 34 años, la mitad universitarios.
En este tramo de edad, hay más jóvenes españoles que se marchan de los que se quedan, advierte el estudio. Este vacío está siendo cubierto por trabajadores inmigrantes. Siete de cada diez nuevos empleos netos generados desde 2019 han sido ocupados por personas nacidas en el extranjero. Este cambio demográfico se traduce en que casi uno de cada cuatro ocupados totales en España ha nacido fuera del país.
Pese al apoyo que aporta este colectivo al mercado de trabajo, el volumen de puestos sin cubrir prácticamente se ha triplicado entre 2014 y 2025. Si en 2014 existían aproximadamente 3,4 vacantes por cada mil trabajadores ocupados, en 2025 esa ratio superaba ya las 7. La mitad de las empresas que necesitan trabajadores afirman que tienen dificultades para encontrar candidatos, siendo las causas más comunes la falta de experiencia, la ausencia de solicitudes y las dificultades para acordar las condiciones laborales.
Estas tensiones dificultan aún más el pago de las pensiones. La diferencia entre los ingresos por cotizaciones y el gasto en pensiones permanece en déficit desde 2012. Todo ello a pesar de que en la última década se han añadido cinco afiliados más a la Seguridad Social por cada pensionista más a cargo del sistema. Para alcanzar el equilibrio en 2025, España debería haber contado con 685.786 afiliados más con una aportación igual a la cotización media.Play Video
A la escasez de empleados se suma el absentismo, una lacra creciente que termina por asfixiar a las empresas. El presidente de la patronal catalana Foment del Treball ha calificado como «escalofriante» el alto nivel de absentismo que registra España, con un 5,5%, situándose como líder de los países europeos, cuya media apenas es del 2%. El auge de este fenómeno ha disparado su coste un 100% en 2019 y 2026, pasando de 17.000 millones a 35.000 millones.

Tampoco los autónomos crecen al ritmo necesario para hacer frente a las necesidades de producción de la economía española. El número de autónomos ha aumentado un 5,7% desde 2019, gracias a la incorporación de cotizantes procedentes de otros países. No obstante, al crecer a un ritmo inferior que el resto de ocupados, en la actualidad solo representan el 14,7% del empleo.
Más preocupante resulta la evolución de la productividad. Entre 2015 y 2025 el PIB real acumuló un crecimiento del 21,8%, mientras que la productividad por ocupado apenas avanzó tres décimas durante toda la década y la productividad por hora trabajada solo mejoró un 3,8%. Este desacoplamiento entre crecimiento económico y productividad constituye uno de los principales retos para sostener el aumento de salarios y la competitividad empresarial.
El envejecimiento de la población también está modificando la estructura laboral. La edad efectiva de jubilación en el Régimen General ha aumentado desde los 63,79 años en 2016 hasta los 65,12 años en 2025. Sin embargo, la participación laboral de los mayores de 65 años continúa siendo reducida, con una tasa de actividad inferior al 12%. Aun así, el potencial para prolongar la vida laboral es significativo: alrededor de 1,2 millones de personas de entre 50 y 69 años manifiestan que continuarían trabajando más allá de los 65 años si su estado físico se lo permitiera.
La conciliación como palanca de cambio
Los españoles ya no eligen trabajo por el sueldo, sino por el tiempo. La conciliación familiar se ha convertido en el criterio «número uno» a la hora de aceptar un empleo, por delante incluso del salario, según revela la encuesta del informe «Trabajo y Empresa: los nuevos retos laborales en España». Pero mientras la demanda de flexibilidad crece, las empresas siguen sin dar respuesta: más del 60% de los trabajadores creen que las medidas actuales son insuficientes.
El 36,2% de los españoles considera la conciliación familiar como el principal criterio a la hora de elegir un trabajo, por delante del salario (26,8%) y de la flexibilidad de horario y lugar (23,6%). Sin embargo, la conciliación entre la vida laboral y familiar es descrita como una de las “grandes carencias” del sistema actual: el 63,9% opina que no existen medidas suficientes y la flexibilidad horaria es para el 54,3% la principal medida para avanzar.
Por ello, el 67% de los encuestados valora como gran ventaja la conciliación que ofrece el teletrabajo, así como el ahorro de tiempo y el ahorro económico que proporciona. Esta demanda contrasta con la realidad: la tasa de teletrabajo en España apenas se consolida en torno al 15,6% y, según el estudio, tanto esta modalidad como el trabajo híbrido siguen siendo recursos limitados a una parte reducida de la población, ya que el 61,7% de los trabajadores no ha podido acogerse a ellos. Esta brecha se refleja también en el trabajo a tiempo parcial: de los 452.000 ocupados que en 2025 optaron por esta fórmula para disponer de más tiempo para el cuidado de personas dependientes, el 92,8% eran mujeres.
Respecto al absentismo no justificado, la mayoría de los trabajadores considera que esta problemática es resultado de la falta de compromiso (40,1%), aunque una parte significativa de la población lo relaciona con malas condiciones de trabajo (24,4%) o con problemas personales no reconocidos (18,4%). Por otro lado, una amplía parte de los trabajadores acepta la transformación tecnológica que llega de la mano de la IA. El 52,5% cree que está preparado para los nuevos desafíos digitales y el 54,7% considera que el impacto en su sector va a ser positivo, pero reclama que el progreso tecnológico vaya ligado a unas mejores condiciones laborales.
En la sociedad española predomina una visión instrumental del trabajo: la mayoría (61%) lo concibe ante todo como un medio para poder vivir, aunque una parte relevante también le atribuye una dimensión de vocación profesional (21,3%) y de utilidad social (14,7%). Esta visión instrumental es más intensa entre las mujeres, entre quienes alcanza el 65,4%, frente al 58,1% de los hombres, mientras que estos últimos conceden más peso a la vocación profesional, con un 23,6% frente al 18,8% de las mujeres. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, solo el 50% define el trabajo como un medio para vivir, mientras que el 31,5% lo vincula al desarrollo de la vocación profesional, una proporción que cae al 19,1% entre las personas de 55 a 67 años.
Frente a estos datos, el presidente de la patronal catalana Foment del Treball y vicepresidente de CEOE, Josep Sánchez Llibre, ha subrayado durante la presentación del informe que «España no tiene un problema con la cultura del trabajo». A su juicio, así lo demuestra que el 43,8% de los españoles considere que «el empleo no es una mera variable macroeconómica», sino «el motor de la dignidad individual, para el progreso social y la realización personal y familiar». «España tiene una sociedad que cree firmemente en él como la mayor vía de integración», ha añadido, aunque ha advertido de que este compromiso social requiere un «marco económico fiscal y normativo que permita crear más empleo y de mayor calidad», poniendo el foco en la asfixia fiscal y burocrática que sufren autónomos y pymes. Por ello, ha insistido en la necesidad de desarrollar una fiscalidad más «business friendly» y ha instado «a todos los actores políticos y sociales a abandonar el pesimismo ideológico y a centrarse en prestigiar el trabajo para crear una España más próspera y con mayor crecimiento».
Fuente: La Razón







