
Por Néstor R. Ramirez.
La Republica Dominicana y Cuba han compartido, a lo largo de su historia, ideas, luchas y experiencias vinculadas a un mismo propósito; la defensa de la independencia, soberanía y la dignidad de sus pueblos.
Ese espíritu, fomentado por nuestros próceres libertarios, creó una profunda solidaridad entre dominicanos y cubanos que, pese al paso del tiempo, ha permanecido vivo y se ha fortalecido en los ámbitos histórico, político, cultural, deportivo, humanitario y científico.
Por eso, cualquier decisión del gobierno dominicano que pueda interpretarse como un distanciamiento hostil hacia el pueblo cubano debe ser examinada con especial cuidado. La comunidad dominicana en el exterior tiene derecho a preguntarse cuáles son las razones que sustentan una política de esa naturaleza, particularmente cuando no se ha presentado una explicación suficiente convincente que permita comprender sus fundamentos.
Para entenderla profundidad de los vínculos históricos entre Republica Dominicana y Cuba resulta necesario recordar a figuras como Gregorio Luperón, Máximo Gómez, José Martí, y Antonio Maceo, entre otros hombres que hicieron de la lucha anticolonial una causa que trascendió las fronteras de sus respectivas naciones.
No se trata simplemente de ayuda oficiales de un Estado hacia otro. Se trata de una tradición de hermandad construida por hombres que compartieron ideales de libertad, independencia y soberanía.
Gregorio Luperón, uno de los grandes protagonistas de la Restauración dominicana, manifestó simpatía y apoyo a las causas independentistas del Caribe, entendiendo que la libertad de las Antillas estaba estrechamente vinculada.
Máximo Gómez, dominicano de nacimiento, se convirtió en una de las figuras militares fundamentales de las guerras de independencia de Cuba. Su experiencia y estrategia militar lo llevaron ocupar un lugar extraordinario en la historia de la independencia cubana, hasta convertirse en jefe del Ejército Libertador.
José Martí, principal ideólogo de la independencia cubana, viajó a Republica Dominicana y, junto a Máximo Gómez, suscribió en Montecristi el histórico Manifiesto de Montecristi, documento fundamental del pensamiento independentista cubano. Martí concebía a las Antillas como pueblos hermanos llamados a alcanzar su libertad y a defender du propia soberanía.
Antonio Maceo, por su parte, fue uno de los grandes lideres militares de la independencia cubana y trabajo estrechamente con Máximo Gómez durante las guerras independentista. Su nombre quedó asociado para siempre con la resistencia y la defensa de la soberanía cubana.
Cada uno actuó en circunstancias históricas diferentes, pero todos formaron parte de una corriente de pensamiento que colocó la libertad y la soberanía de los pueblos antillanos por encima de interés particulares. Ese legado histórico no debería ser olvidado…Cabe entonces
Una pregunta; ¿por qué una política de hostilidad hacia el gobierno cubano, si cuba nunca ha representado una amenaza militar ni territorial para la soberanía de Republica Dominicana?
Podemos tener diferencias políticas con el gobierno cubano. Podemos discutir su modelo económico, sus instituciones y sus políticas internas, pero una cosa es mantener diferencias y otras muy distinta es desconocer los vínculos históricos que unen a dos pueblos.
Cuba continúa siendo un escenario de resistencia política frente a las presiones externas. Su realidad puede y debe ser analizada críticamente, pero también debe reconocerse que durante décadas ha enfrentado sanciones económicas y restricciones comerciales provenientes de Estados Unidos que han condicionados severamente su economía y sus relaciones internacionales.
La política exterior dominicana, en consecuencia, debería responder primordialmente a los interese nacionales y a una tradición diplomática basada en la independencia de criterio, el respeto entre los pueblos y la defensa de la soberanía.
La Republica Dominicana no debe olvidar que también fue víctima del colonialismo, de intervenciones extranjeras y de luchas por recuperar su soberanía. Precisamente por esa experiencia histórica, los dominicanos estamos llamados a comprender las aspiraciones de otros pueblos del Caribe.
La historia nos dejó una enseñanza; las Antillas no pueden ser entendidas como islas aisladas, sino como pueblos unidos por una historia común de luchas, sacrificios y aspiraciones de Libertad.
Desde la diáspora dominicana seguiremos observando con atención el comportamiento de nuestros gobernantes y, particularmente, su política exterior. La historia permanece, y los pueblos también tiene memoria.







