
Atacó en la subida y solo le aguantó Onley, al que superó en el esprint. Llega líder a la primera jornada de descanso
Enric Mas ha tardado poco en asimilar que es el líder de la Vuelta. El ciclista de Movistar se impuso en la meta de Aitana para honrar el maillot rojo que heredó de Tadej Pogacar camino de Xeraco. No era suyo, no le pertenecía, aseguraba después de la caída del esloveno. Pero ya le pertenece.
No quiso ponerse el maillot rojo en el podio de Xeraco y tampoco el equipo quiso celebrar por la noche. Por respeto a Pogacar, porque ese maillot todavía no se lo había ganado, aunque era el único que había conseguido ponerse a la altura de Pogacar en algún momento durante la carrera. Pero ahora el maillot sí es suyo. Enric honró a la Vuelta y a ese maillot que distingue al primero de la carrera con sus ataques camino de la estación militar de Aitana. Y con su victoria por delante de Oscar Onley. Al mejor de la general solo le aguantó el mejor joven de la carrera.
«Ahora entiendo a Tadej. El maillot te da alas», bromeaba después de su victoria, la segunda en la Vuelta. La primera fue en el lejano 2018, cuando era un joven que aspiraba a cumplir la profecía de Alberto Contador, que le había designado sucesor. Entonces todavía no vestía el maillot de Movistar, que invirtió en él el dinero que merecía la mayor promesa del ciclismo español.
Desde entonces había sido un corredor competitivo: tres podios más en la Vuelta, dos veces más entre los seis primeros y un quinto y un sexto puesto en el Tour. Pero no era un ganador. Ahora se ha comportado como tal. Pase lo que pase al final de la carrera, Enric demostró ser un ganador en la subida a Aitana.
Movistar trabajó para arroparlo mientras pudo. Después de la marcha de Uijtdebroeks no hay escaladores que le puedan acompañar cuando las cosas se ponen difíciles. Mandó a Raúl García Pierna por delante para que lo ayudara cuando Enric se pusiera a su altura. Y eso hizo hasta que Decathlon decidió endurecer el ritmo para que Felix Gall lanzara su ataque. Muhlberger apretó tanto que asfixió a todos. Menos a Enric Mas.
Cuando el grupo de los favoritos engulló primero a Camprubí y después a Sivakov, ya era solo una cuestión de ensayo y error. Probó Carapaz en un arranque que parecía definitivo a algo más de cinco kilómetros de meta. Pero de la misma manera que creció su ventaja hasta casi los 20 segundos, se consumió. Onley, Gall, todos menos Roglic quisieron probar las fuerzas de Enric Mas. Pero las piernas del maillot rojo responden y la cabeza, también.
El líder del Movistar y de la carrera parece un hombre nuevo. Acostumbrado a responder con monosílabos, a ser huidizo con la prensa, ahora solo enseña los dientes para sonreír. «A lo mejor delante de las cámaras no me mostraba lo feliz que estaba. Tengo la mejor familia, los mejores amigos, el mejor equipo y siempre estoy contento. Siempre intento disfrutar. Hoy me veis un poco más sonriente, pero mi estado natural es este», asegura.
«He aprendido a tener paciencia con la edad», admite. Y habla de la «resiliencia» como la clave para superar la mala racha que comenzó con una trombosis en el Tour del año pasado. La temporada no comenzó bien, pero Enric sintió que comenzó a enderezarse con su paso por la clásica de San Sebastián y por la Vuelta a Burgos. Y en Aitana ha demostrado ser el ciclista más en forma de la carrera. Un ciclista que al cruzar la meta lanzó un grito de celebración y de liberación a la vez. Ahora sí puede sentirse el dueño del maillot rojo de la Vuelta. «Hoy sí que lo visto con orgullo», dice.
FUENTE: La Razón






