
La asociación sectorial UPTA estima que hay un millón de profesionales y pequeños negocios que están especialmente expuestos a las subidas y reclama al Gobierno ayudas específicas.
La crisis energética que ha provocado la guerra en Irán empieza a pasar factura a los autónomos. Y nunca mejor dicho. Según estima la asociación profesional UPTA, la fuerte subida en los precios de los carburantes y de la luz que se está produciendo desde que empezó el conflicto ha disparado sus gastos en 148 euros al mes por trabajador. Una cuantía que, en cómputo anual alcanzaría los 1.776 euros adicionales que pesan sobre los rendimientos del colectivo.
UPTA estima que, de los tres millones y medio de autónomos que están afiliados a la Seguridad Social en España, al menos un millón están especialmente expuestos a las subidas, dado que dependen directamente de su vehículo, de la electricidad o de ambos para su día a día.

La organización que preside Eduardo Abad estima que antes de la guerra en Irán un autónomo podía gastar 360 euros en gasolina o diésel cada mes. Una cifra que se ha incrementado un 30% desde entonces por la drástica subida de los carburantes, que rondan ya los dos euros por litro en la gasolinera. Con estos mimbres, la organización estima que el gasto mensual en carburantes alcanza ya los 468 euros por autónomo, 108 euros más que a mediados de febrero
«Para electricistas, fontaneros, instaladores, repartidores, comerciales o profesionales de mantenimiento, el vehículo no es un lujo. Es una herramienta imprescindible para desplazarse, transportar materiales y llegar hasta sus clientes», reflexionan desde UPTA.
En lo que respecta a la factura de la luz, la organización estima que para un negocio de consumo normal que estuviera pagando 200 euros al mes antes de la crisis, la factura se habría disparado hasta los 240 euros, es decir, 40 euros más al mes (un incremento del 20%). El organismo destaca que las carnicerías, las pescaderías, los supermercados y comercios de alimentación tienen que tener siempre conectados cámaras, vitrinas, neveras y congeladores. Mientras que bares, restaurantes, cafeterías y panaderías gastan luz en hornos, cocinas, extracción, refrigeración, maquinaria o climatización.

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UPTA estima que la crisis energética está elevando la factura del colectivo en 148 millones de euros que, en doce mensualidades supondría casi 1.800 millones de euros de impacto en la cuenta de resultados. «No podemos seguir pagando cada mes simplemente por poder trabajar. Es dinero que sale directamente del bolsillo de los autónomos», apunta Eduardo Abad en una nota difundida por la organización el lunes.
«Al autónomo que necesita una furgoneta no se le puede pedir que deje de repostar, igual que a una carnicería no se le puede pedir que apague sus cámaras frigoríficas o a un restaurante que deje de encender sus hornos. No estamos hablando de lujos: estamos hablando de poder trabajar», añade.
Dada la situación, el presidente de UPTA ha reclamado al Gobierno que conceda ayudas específicas para los profesionales que dependen directamente de su vehículo y los que son intensivos en consumo eléctrico, más allá de los descuentos al carburante que todavía siguen vigentes, pero que son universales . «El Gobierno tiene que actuar ya. Cada euro que suben la energía o los carburantes se come directamente el margen del pequeño negocio. No podemos permitir que trabajar se convierta en una actividad cada día más cara y menos rentable», concluye Abad.
La consecuencia, más subidas de precios
El golpe que supone para los pequeños negocios pagar la energía más cara puede acabar trasladándose al consumidor. Y es que, llegado a cierto punto, a muchos autónomos no les quedará más remedio que empezar a trasladar al comprador una parte de ese incremento en los costes que sufren. Más aún cuando las previsiones de inflación apuntan a que los precios de la energía seguirán altos durante un tiempo.
El último barómetro de ATA, la asociación de autónomos con más representatividad, publicado en julio refleja que más de la mitad de los trabajadores por cuenta propia tenían previsto subir precios en el segundo semestre. Mientras que tres de cada cuatro ya lo ha hecho en el último año. Una proporción que previsiblemente se incrementará, dado que el rebrote inflacionario ha golpeado especialmente durante los meses de verano.
FUENTE: 20 Minutos






