
Washington mantiene contactos con Moscú tras la muerte de una investigadora de 28 años en Irkutsk, mientras la OMS considera «muy bajo» el riesgo para Europa
El Gobierno estadounidense comenzó a intercambiar información con Rusia sobre el aparente caso de peste neumónica en Siberia el pasado viernes, el mismo día en el que se cree que una investigadora en esa región falleció a causa de esta enfermedad. «Hemos estado en contacto con el Gobierno ruso —incluidos nuestros expertos en salud del Departamento de Estado y el Ministerio de Asuntos Exteriores— desde el viernes pasado», explicó este martes un funcionario del Departamento de Estado.
Según medios locales rusos, la semana pasada (aparentemente en la noche entre el 1 y el 2 de octubre) murió una joven de 28 años -empleada del Instituto de Investigaciones de la Peste de Irkutsk y el Lejano Oriente- en un hospital de Shélejov, ciudad satélite de la capital regional. Hasta el momento se estudian dos versiones: que la paciente se contagió de peste neumónica, provocada por una bacteria llamada ‘Yersinia pestis’, en Tailandia, de donde regresó recientemente, o a consecuencia de la rotura accidental de un tubo de ensayo con patógenos en su puesto de trabajo.
El Gobierno estadounidense emitió el domingo una alerta sobre un posible brote de peste pulmonar en ese área de Siberia y desde entonces el canal independiente ruso Liudi Baikala (Gente del Baikal) ha informado de que las autoridades rusas han puesto en cuarentena varios hospitales de Irkutsk, por sospechas de que se haya producido un brote de peste pulmonar.
Washington ha insistido en que mantiene una comunicación continua con Moscú sobre el caso y el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, instó este martes a Rusia a ser «transparente y a compartir más información con el mundo». Hoy mismo, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) aseguró que sigue de cerca el suceso, mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó como «muy bajo» el riesgo sanitario en Europa tras el incidente en Siberia.
FUENTE: La Razón







