
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
No todo el mundo percibe, interpreta ni escucha los sonidos de la misma manera. Lo que para uno resulta claro, para otro puede ser confuso; lo que uno entiende perfectamente, otro puede interpretarlo de manera diferente.
La forma en que escuchamos y comprendemos está influenciada por nuestras experiencias, conocimientos, emociones y hasta por la manera en que vemos la vida.
Por eso, cuando algo no está claro, lo más inteligente no es asumir ni interpretar a conveniencia, sino preguntar.
Preguntar cuánto no se entiende, qué no está claro y qué es exactamente lo que se debe hacer puede evitar errores, conflictos y malos entendidos.
Porque muchas veces el problema no está en quien habla, sino en quien escucha.
No todos oyen con el mismo oído, ni todos entienden con la misma cabeza.






