
El rey Abdalá II promete «las penas más severas» para los responsables del crimen
«Golpearemos con mano de hierro», advierte
Nuevo mazazo para los últimos cristianos de la región. Un grupo de desconocidos enmascarados ha abierto fuego durante la celebración de un funeral en una iglesia greco-ortodoxa de la localidad de Karak, a unos 180 kilómetros al sur de Amán, la capital de Jordania, para dejar al menos siete muertos y 28 heridos, según informaron las autoridades locales. En un comunicado, el Gobierno jordano reveló que «las investigaciones están en marcha a toda velocidad», aunque no precisó si se practicaron ejecuciones o se detuvo a alguno de los supuestos autores materiales del crimen perpetrado en la iglesia de Hamoud.
Los supervivientes relataron haber escuchado una explosión justo cuando comenzaba el cortejo fúnebre, momento tras el cual atacantes enmascarados irrumpieron en la iglesia y empezaron a disparar. La cadena estatal Al-Mamlaka informó que las fuerzas de seguridad se desplegaron en el templo y se encontraban persiguiendo a dos sospechosos, quienes habían descendido de un vehículo y abrieron fuego.
El rey Abdalá II: «La sangre de los jordanos es valiosa»
Poco después de conocerse la noticia, el rey Abdalá II afirmó que las autoridades de su país «se enfrentarán al acto terrorista dirigido contra Karak con las penas más severas. La sangre de los jordanos es valiosa, y golpearemos con mano de hierro a cualquiera que se extralimite contra este país», aseveró este viernes en una publicación en la red X el monarca hachemí. Por el momento, ningún grupo armado había reivindicado la autoría del crimen.
La localidad de Karak alberga una de las comunidades cristianas más grandes e históricas de un país donde los cristianos rondan entre el 2% y el 3% de la población. En la histórica ciudad del sur, los cristianos representan aproximadamente entre el 25% y el 40% de la población -la mayoría de ellos greco-ortodoxos, aunque también hay un exiguo número de católicos-, una proporción significativamente superior a la media nacional jordana.
No es primera vez que la localidad se ve afectada por un episodio de violencia terrorista. Hombres armados vinculados al Estado Islámico emboscaron a la policía en 2016 en una serie de ataques en Karak, incluido uno en un castillo popular entre los turistas, que dejó 10 muertos -entre ellos siete agentes de las fuerzas de seguridad- y decenas de heridos. Las fuerzas de seguridad jordanas abatieron entonces a los atacantes tras un prolongado enfrentamiento.
Un revés contra la seguridad del país
El atentado constituye además un golpe contra la imagen de seguridad y estabilidad de un país que ha logrado como pocos evitar verse afectado de lleno por alguno de los conflictos bélicos que sacuden la región en los últimos años. Con todo, en el contexto de la guerra aún abierta entre Irán y EE UU, Jordania ha sufrido más de 60 ataques directos con un saldo de más de 300 proyectiles -misiles balísticos y drones suicidas- lanzados desde Irán que han entrado en su espacio aéreo o impactado en su territorio. El turismo, una de las principales actividades del país, se ha visto afectado de lleno desde comienzos de año.
Aunque la mayoría de los proyectiles lanzados por las fuerzas iraníes contra un régimen que consideran colaboracionista con el enemigo han sido interceptados por la defensa aérea jordana o las fuerzas estadounidenses, varios ataques consiguieron evitar las defensas, provocando daños materiales significativos y bajas militares -cinco soldados de EEUU en bases de este país- desde finales de pasado febrero.
El episodio en la localidad es un recordatorio de la precariedad en que siguen viviendo las minorías cristianas de Oriente Medio. La peor parte se la llevan Siria e Irak, donde las minorías cristianas continúan menguando como consecuencia de la persecución y la emigración a pesar de que hace ya siete años de la derrota del Estado Islámico en el primero de los dos países.
Y es que el caso de Siria, hoy gobernada por los islamistas radicales tras medio siglo de dictadura laica, es especialmente representativo de la tragedia de los cristianos en el Levante: de representar el 10% de la población antes de 2011 a suponer apenas el 2%. El último gran atentado contra los cristianos en la zona se produjo en junio del año pasado, cuando un desconocido perpetraba un atentado suicida en el interior de la iglesia greco-ortodoxa de Mar Elías, ubicada en el populoso barrio de Al-Dweilaa de Damasco, durante la misma del domingo. El cobarde ataque dejó 25 civiles muertos y 63 heridos.
FUENTE: La Razón







