
Biden ha ordenado destruirlo sobre las costas de Virginia tras constatar que, al parecer, había sobrevolado zonas militares «sensibles»
El Pentágono ha abatido el globo-espía chino que sobrevolaba Estados Unidos nada más alcanzar las costas de Virgina. El presidente, Joe Biden, ha ordenado el «derribo», que ha obligado a cerrar previamente los aeropuertos de Wilmington, Myrtle Beach y Charleston, en Carolina del Norte y Carolina del Sur, para evitar incidentes.
La orden ha llegado cuando el dirigible, según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, volaba hacia el archipiélago de las Outers Banks antes de perderse en el Atlántico. Antes había surcado los cielos de Montana, Kentucky, Tennessee, y previsiblemente podría haber recogido información al pasar sobre «instalaciones sensibles» del Ejército estadounidense. Éste puede haber sido el motivo por el que la Casa Blanca ha decidido hacerlo caer a tierra después de que el miércoles optara por dejarlo en el aire ante los riesgos que entrañaba la caída de los restos.
El derribo agravará todavía más la tensión generada entre EE UU y China tras la detección de este artefacto. Un pésimo contexto que ayer quedó refrendado por el cruce de críticas entre las dos potencias. El secretario de Estado Antony Blinken recriminó a las autoridades chinas su «acto irresponsable» por enviar un globo-espía a sobrevolar Estados Unidos. Blinken, que hoy habría iniciado una visita calificada de histórica al gigante asiático para entrevistarse con el presidente Xi Jinping, señaló que el incidente representa una «clara violación de la soberanía» de EE UU, así como del Derecho Internacional. Añadió que la decisión de aplazar su viaje fue tomada por el presidente Joe Biden debido a que el conflicto desatado por el descubrimiento del aerostato sobre Montana resulta «perjudicial» para la agenda y el tono en que debiera haber transcurrido la cumbre bilateral.
«No es necesario que haya una nueva Guerra Fría». Joe Biden pronunció está frase tras su entrevista con Xi Jinping el pasado noviembre en Bali. Los dos presidentes salían satisfechos de una reunión que aventuraba una distensión en las ásperas relaciones entre Estados Unidos y China. El viernes, Biden se vio obligado a suspender el viaje de su secretario de Estado. Al inquilino del Despacho Oval el ‘affaire’ del globo-espía le ha causado un profundo disgusto, según fuentes de su Gobierno, y enfrentado a su peor miedo respecto a la superpotencia asiática: la posibilidad de un incidente o un malentendido que rompa todo hilo entre las dos mayores economías del planeta.
La gravedad que el ya famoso dirigible ha tenido sobre las relaciones bilaterales es, de momento, indiscutible. Blinken debía aterrizar esta mañana en Pekín con un maletín repleto de asuntos clave: la relajación de las tensiones militares; los debates sobre Taiwán y los derechos humanos en el gigante asiático, especialmente en Hong Kong; las oportunidades comerciales y tecnológicas mutuas; las sanciones y la posición de China respecto a Rusia y la guerra de Ucrania. En resumen, el viaje iba a servir para abordar tanto los temas «colaborativos» como los «potencialmente conflictivos», en palabras del portavoz estadounidense, Ned Price.
Todo queda ahora aplazado ‘sine die’. Hibernado a la espera de que el globo, en todos sus sentidos, pase. Y en un contexto además mucho más turbio del que los dos países esperaban. Blinken evitó ayer anunciar una nueva fecha para su visita. «El primer paso es sacar el dispositivo de vigilancia de nuestro espacio aéreo», dijo, antes de enfatizar que la Casa Blanca mantendrá «ls líneas de comunicación abiertas» con la superpotencia asiática. Por su parte, Pekín mostró su enfado por lo que considera una «reacción exagerada» de Washington y aseguró que «algunos políticos y medios en Estados Unidos usan el incidente como pretexto para atacar y difamar a China», según un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores.
El propio Blinken se puso en contacto con el consejero de Estado de la República Popular, Wang Yi, quien reiteró el argumento inicial de su Ejecutivo de que el artilugio es, en realidad, una sonda meteorológica que sufrió un «accidente por causas forzosas» al desviarse de su trayectoria original debido a las corrientes de aire. Wang aludió también a la necesidad de mejorar la «comunicación» mutua cuando se produzca un incidente para manejar «adecuadamente» la situación. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores, la actitud estadounidense, ya sea de algunos de sus funcionarios como de los políticos del bloque republicano extiende el «sentimiento anti-chino».
Los conservadores exigen a la Casa Blanca «responder» al avistamiento del globo» e incluso han reclamado su derribo, lo que, según los medios estadounidenses, habría contribuido a que Biden tomase la decisión de aplazar la expedición de Blinken. Tal medida pone, sin embargo, en peligro un golpe de efecto que el líder demócrata no desdeñaba: la posibilidad de que Xi Jinping pise suelo estadounidense en noviembre para asistir al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico previsto en San Francisco.
Pero si un globo desaparece, otro permanece. El Departamento de Defensa de Estados Unidos detectó ayer la presencia de un segundo globo chino sobrevolando América Latina. El portavoz del Pentágono, el general Patrick Ryder. confirmó este hecho a la cadena CNN con el siguiente mensaje: «Estamos viendo informes de un globo en tránsito por América Latina. Ahora evaluamos que es otro globo de vigilancia chino». Aunque no quiso desvelar la ubicación de este aerostato, fuentes militares señalaron que se encontraría sobre Costa Rica y que cientos de personas lo habrían observado a simple vista. Al contrario de lo sucedido con el primer artilugio, que entró en territorio estadounidense después de surcar los cielos de Alaska y Canadá, Defensa informó de que este segundo aparato mantenía una trayectoria totalmente alejada de EE UU.
Según su versión, se trataría también de un globo-espía como el que la Fuerza Aérea identificó sobre Montana e inmediatamente relacionó con un supuesto objetivo de obtener datos de la zona donde se ubica una base de misiles Minuteman III. Pekín, sin embargo, insiste en que el aparato es una sonda meteorológica para estudios científicos.
Fuente: El Correo







