
Testigo del tiempo
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por J.C. Malone
Mark Carney, el primer ministro de Canadá, fue gobernador del Banco Central canadiense y del británico. Es un “divo mimado” de la banca globalista, que difundió y celebró su discurso ante el Foro Económico Mundial (FEM) lleno de verdades e hipocresías.
Ciertamente, el sistema “basado en reglas”, liderado por estadounidenses y europeos, colapsó. Carney y los líderes europeos están furiosos ante “el abuso” del presidente estadounidense Donald Trump al tomar Groenlandia.
Inventaron el saqueo colonialista, se beneficiaron de las expropiaciones estadounidenses, mataron a millones y destruyeron decenas de naciones.
Hoy es “malo” que Washington tome Groenlandia. Es “abusivo”, porque ellos deciden lo bueno y lo malo, son jueces y beneficiarios del saqueo colonialista.
Consumieron la “rusofobia” británica globalista y, de manera idiótica, intentaron morder la mano que los alimentaba con energía barata. Ahora, sin energía, deben pedirle disculpas al presidente ruso, Vladimir Putin, obligados a tragarse su hipocresía.
La gran queja contra el presidente Trump es que él los expulsó de la “asociación de malhechores” que tenían, no los necesita, ni repartirá el botín con ellos. Es una refriega entre saqueadores; nadie debe inmiscuirse. En su momento, juntos saquearon Bagdad, Kabul, Damasco y Trípoli, entre otros lugares. Todo fue “basado en reglas”.
Trump atacó a Irán sin ellos, luego fue solo a Caracas a capturar al presidente Nicolás Maduro, los europeos se preguntan: ¿es que no servimos para nada?. La Verdad es afirmativa y devastadora para ellos, nada tienen que ofrecer bajo ninguna circunstancia, al menos así parece.
Hay una realidad que se demostró en Davos: los globalistas perdieron. Trump les pronunció un discurso, si se quiere, sincero. No cuenta con ellos ni los entiende.
Sus economías colapsan, la migración está transformando los rostros de esas sociedades. Carney decidió enfrentar a los Estados Unidos mientras negocia con China. Trump lo llamó “mal agradecido”.
La “revolución” de Carney busca unificar a los países de “clase media” contra los Estados Unidos. Los europeos se intoxicaron de rusofobia, globalismo, e idiotez, sarnarse requiere sinceridad, y derrumbar sus catedrales de la hipocresía.







