Controla tu lengua

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Dime, loco. Tu como achochao. Vamo pal río.
No, loco. No toy por coger calle hoy.

Por Rita Diaz

Cuando hablamos con nuestros amigos nos mantenemos relajados, estamos en confianza y los modismos nacen naturalmente. Quienes participan de la conversación no se esfuerzan por pronunciar, vocalizar o utilizar un vocabulario extenso. No tienen por qué. De la manera en que lo hacen funciona en ese contexto y se cumple el propósito de la lengua: comunicarse. Su uso es común en las situaciones cotidianas de la vida. Para utilizar la lengua en este contexto no hace falta escolaridad, basta con escuchar a otros e imitarlos. La lengua sirve entonces para expresar no solo el pensamiento sino la estructura cultural de los hablantes. Cuando escuchamos a alguien o leemos sus mensajes nos hacemos una idea de su formación, de su nivel de educación y su forma de vida.

Si, por el contrario, nos encontramos en una situación donde la relación de los hablantes es asimétrica, es decir, uno de los participantes tiene un estatus social, político, económico o religioso diferente, o dependemos de esa interrelación para lograr metas a corto, mediano o largo plazo se recurre a anular palabras que puedan provocar incomprensión (cultismos, arcaísmos) o rechazo (vulgarismos) por parte del receptor. El vocabulario es más cuidado y emplean un nivel de lengua cuidadoso pero comprensible. En este momento se hace uso de lo que se aprehende de la escuela y de los escenarios académicos.  Este marco es aplicable a cualquier situación comunicativa. Son el contexto y la intención los principales responsables de la elección de nuestra forma de hablar y si violentamos las circunstancias que acompañan a la propia comunicación corremos el riesgo de ser inapropiados. Ya lo han sufrido en carne propia autoridades políticas de nuestro país que, obviando las máximas comunicativas, se han atrevido a decir a medios nacionales e internacionales «El que me dice una vaina a mí, yo la contesto» o El “monito” está grabando» para referirse a una persona con cámara en mano. El rechazo popular es automático.

Es decir, hay diversos factores que condicionan la comunicación, como lo son el espacio y el tiempo en que tiene lugar. Además de la cultura que tiene el emisor que envía el mensaje, igual que la que tiene el receptor, que lo recibe. Elcontexto comunicativo tiene por lo menos tres dimensiones básicas: una física, o sea, el entorno concreto o espacio físico de comunicación; b) otra temporal, que abarca el momento diario e histórico de comunicación, además de la secuencia de las unidades comunicativas, y c) otra sociopatológica, es decir, las reglas culturales, la formalidad de la situación o las relaciones entre los interlocutores incluyendo su posible amistad.

Vivimos en un mundo interconectado donde las habilidades comunicativas son garantía de nuestra formación y de seguro nos abrirá muchísimas puertas en el mercado laboral. Entonces, controla tu lengua.

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