
JOHNNY SANCHEZ

(Este artículo de opinión y su contenido es de exclusiva responsabilidad del autor)
Hoy entramos en campaña electoral 2024 y votaremos en febrero y luego en mayo. Vemos de un lado, a los oficialistas que aspiran a mantenerse en el poder, venden promesas y esperanzas de mejoría -sin saber si vendrán otras pandemia- a esta nación, como es ostensible, en el marco de una recia confrontación electoral como es la actual, mientras que la oposición, activa en sus afanes dirigidos a asumir las riendas del país a partir del próximo año 2024, se encarga de sembrar desconfianza, desesperanza, tragedia y fatalidad sin presentar propuesta claras de cómo resolverá los entuertos que se han agrandado en estas décadas.
La lucha está centrada entre el bien y el mal. ¿Quién vende más críticas y quién bonhomía?
He ahí la cuestión. Se trata de un proceso en desarrollo en la lucha definitiva para lograr el poder, ¿para qué?
Creo han faltado políticas dirigidas a enfrentar de raíz los males que afectan a los arrinconados en las pobrezas.
Todo el que sube a la poltrona concibe, elabora y aplica políticas dirigidas a nutrir más a los grandes capitales q invierten solo si ganan mucho, no pueden exigirles –por ley o por aplicación de la fuerza-un mayor sacrificio social de frente a sus exuberantes ganancias.
Para las mayoría, nosotros, se conciben “curitas” con el nombre de programas sociales, en los cuales se diseñan ayudas que no van al meollo, a la matriz, a la raíz de la sempiterna indigencia.
Durante las campañas electorales se produce -y hasta sobran- lluvias de promesas para solventar estos males. Nos ha llamado poderosamente la atención el que la oposición esté embarcada en denuncias descalificadoras de las realizaciones del actual gobierno. ¿Y las promesas hechas por ellos que fueron incumplidas a los pobres, ¿Qué?
Lo mismo ocurrió con los actuales gobernantes. Se aliaron a la sociedad civil y descalabraron a los gobernantes pasados, los cuales entonces rebosaban arrogancias, petulancias y prepotencias. No pensaron nunca que descendería del poder y que el sólido apoyo popular que disfrutaron no sería para siempre.
Por ejemplo, en ciertas áreas de la administración pública parece producirse este desparpajo. ¿No han aprendido la lección? Nadie soluciona nada, todo es teatro y espérate, eso viene.
Los partidos no se enfocan a profundidad en los temas a resolver, se quedan en las superficies. No hay hasta el día de hoy sustanciosas propuestas que uno crea o den confianza de que van a ayudar a elevar la esperanza de la población. Cada uno se encarga de sacar lo peor del otro.
Han salido a relucir los yerros y maldades de los que gobernaron, pero éstos a su vez, sin intentar siquiera hacer “un mea culpa” de los errores de sus mandatos, atribuyen las peores maledicencias que uno se pueda imaginar a los que tienen ahora las riendas del Estado.
Y las preguntas son: ¿estas situaciones no van a cambiar? ¿Cuándo va a llegar el momento de redención del sector más empobrecido del pueblo dominicano?
Siendo imparcial, les diré que a Luis Abinader, le tocaron 4 años de vacas flacas y por su actitud positiva y fe en Dios, vende idea de q próximos 4 años serán de vacas gordas; por su lado Leonel Fdez., dice que se es Pte. para gerenciar y q el recibió prima del dólar a 60×1 de Hipolito Mejía en 2004, y la bajo, es el único presidente que logró un equilibrio fiscal total en un solo año, de estas últimas décadas, vea boletín BCRD equilibrio fiscal 2003 al 2023
Hay que ser justo. Debemos señalar que la actual gestión apenas ha podido gobernar con serenidad, porque es sabido que desde sus inicios ha lidiado “de crisis en crisis”. Se habla incluso de tres años perdidos para un mandato que se comprometió a realizar grandes transformaciones y de mucho impacto, en las cuales la población creyó, puso fe y esperanza, y hoy dicen que ahora sí, 2024, esas promesas se harán realidad.
Al no cumplirse estos ofrecimientos (de unas y otras gestiones) corremos el riesgo de que, en el transcurrir del tiempo, la población sufra una frustración colectiva. Y la gente pierda el horizonte, termine creyendo en que “ná e ná” y ponga la proa hacia senderos de mares procelosos e inciertos.
¿Qué hacer ?
Escoger soluciones comunes para problemas prioritarios de la población. Que los partidos acuerden que los problemas más acuciantes estén contenidos en sus respectivos programas de gobierno de los distintos candidatos. De esa manera, gane quien gane, está en la obligación de resolver dicho problema con el apoyo irrenunciable del que pierda la contienda electoral.
Por ejemplo, si la prioridad es construir una presa para suplir de agua potable a la ciudad capital, cada partido político coloque entre sus propuestas dicha presa y se comprometa desde la oposición, si no gana las elecciones, a garantizar que esa iniciativa se haga realidad.
Que cada promesa-propuesta de los programas de gobierno de cada partido político consigne el costo de la obra prometida y detalle la fuente de su financiamiento. En tal sentido, los partidos no deberán ofrecer “proyectos quimeras” en su propaganda electoral, o sea, no deben proponer iniciativas irrealizables que no tengan bien identificado el dinero y costo para su realización.
Los reto, dudo lo harán.







