La policía: un puente roto
Después del hecho donde perdió la vida un joven en el destacamento del sector Naco, la sociedad en conjunto ha reaccionado consternada y más cuando no hace ni siquiera un mes que otro hombre falleció en mano de la Policía en circunstancias no aclaradas.
La muerte del joven David De los Santos ha llamado a preocupación al presidente de la Republica Luis Abinader, y ha dejado claro que ningún caso de esa naturaleza quedara sin sanción.
Otra vez la Policía Nacional tiene el rancho ardiendo. Parecería que dicha institución es un puente roto que ningún gobernante ha podido empalmar.
Ahora en que el actual mandatario de la Nación se ha empeñado en adecentar ese cuerpo del orden, se presentan estos lamentables casos raros dentro de la institución, como si fuera una señal de rebeldía, por parte de sectores internos, que al parecer no le conviene que el país cuente con una policía sana.
El horno no está para galletitas en los actuales momentos, pese a que existe el empeño de reformar el cuerpo policial. Por más intento que se hacen solo hay que ver a algunos agentes en las calles patrullando donde no hay delincuentes y si lo hay se hacen la de la vista gorda.
Es verdad que existen muchos agentes policiales serios y que hay la voluntad expresa del actual jefe de la uniformada en apoyar la reforma, pero no debemos olvidar que una guayaba podrida si no se saca del paquete y se bota daña las demás.
Hay quienes quieren politizar el caso, olvidando que los dominicanos no somos estúpidos, aunque una minoría se deje llevar como las olas del Mar, creyendo solo lo que le conviene.
Ninguno de los partidos que nos han gobernado tienen calidad moral para salir ahora criticando la Policía Nacional. Todos tuvieron la oportunidad de reformar esa institución y sin embargo no lo hicieron, todo lo contrario, la descuidaron.
Ahora que se quiere reformar la Policía Nacional, lo más prudente es que cada político o ex jefe policial responsable de que hoy tengamos este monstruo que nos afecta a todos, se ofrezca para aportar ideas, en vez de estar jugando al populismo.







