
No había que ser ningún lince para saber que la primera criatura de Adrian Newey en Aston Martin iba a generar precisamente esto. Al fin y al cabo, Newey parece ser el último diseñador que queda en la Fórmula 1 con nombre propio, identificable por sí mismo, algo que en los últimos años se ha perdido frente al protagonismo de los pilotos en redes sociales y de los responsables de equipo acaparando la atención tanto en prensa como en los shows televisivos. Y no menos importante, Newey fue el triunfador en el comienzo del último reglamento técnico, eso sí, en el equipo Red Bull.
Quién sabe lo que se estaría diciendo si en lugar de un número muy comedido de vueltas hubiera rodado tanto como Mercedes, o si en vez de unos tiempos irrelevantes, hubiera encabezado la tabla como ha hecho Ferrari. Pero en defensa de esta gran reacción colectiva, es innegable que el Aston Martin es diferente.
Un esquema de suspensión muy diferente, y unas líneas moldeadas al milímetro en todas y cada una de las zonas del monoplaza que irremediablemente llevan a pensar en que no se ha descuidado un solo detalle. Resulta difícil no ser un gran aficionado a la Fórmula 1 y no emocionarse con estas cosas.
Y es que si algo se ha achacado a equipos que han terminado lejos de los objetivos, o incluso a Ferrari, siempre en posiciones de arriba, es no ser capaces de arriesgar con algo en búsqueda de la victoria. Funcionará o no funcionará, pero nunca conformista. Y eso es precisamente lo que parece haber llevado Newey al máximo.
La incomprensible decisión de los test a puerta cerrada nos ha dejado un número ínfimo de imágenes. No ya del monoplaza, sino de lo que rodea al mismo. Cuenta más del estreno de un nuevo Fórmula 1 la cara de los que habitan el box que un tiempo por vuelta. Pero la escasez de imágenes, en este caso, nos obliga casi a hacer un acto de fe. Y sí… lo poco visto hasta el momento muestra a un equipo Aston Martin muy satisfecho, casi eufórico, a pesar del mencionado retraso en la puesta en marcha del proyecto.
Complicado discernir cuánta de esa euforia se debía al hecho de haber logrado llevar el AMR26 a Barcelona, terminar de ensamblarlo, y ponerlo a rodar antes de que el tiempo se agotase después de que las cosas se hubieran puesto muy complicadas, o cuánta de esa euforia se debía al rendimiento del vehículo pilotado por Lance Stroll y Fernando Alonso.
Esfuerzo titánico en la fábrica y en el circuito
“Dar vida al AMR26 ha supuesto un gran esfuerzo, tanto en la fábrica como de la gente que trabaja en pista”, declaraba un visiblemente emocionado Mike Krack, ahora ocupa las funciones de director de pista en Aston Martin. “Quiero agradecer a todo el equipo el trabajo realizado para llegar hasta aquí. Aportar información valiosa es una parte importante de la preparación para la pretemporada. También ha sido útil para fortalecer nuestras relaciones de trabajo con nuestros nuevos socios, como Honda, por ejemplo. Ahora aplicaremos lo aprendido y seguiremos desarrollando el AMR26 antes de las pruebas de Bahréin.”
Sin necesidad de fletar un avión a última hora, como en la llegada, Aston Martin recogió los bártulos y puso rumbo a Silverstone en sus camiones oficiales, prescindiendo además de una jornada de ‘filming day’ que tenían planeado realizar al haber recabado suficientes datos como para poder trabajar en el AMR26, con la confianza de que estos kilómetros extras pueden ser más útiles en otro momento. Turno de poner todo sobre la mesa, evaluar el actual diseño, y decidir si continuar con él o tomar algún cambio de rumbo. Pero sea como sea, en Aston Martin, se sonríe.
Fuente CAR AND DRIVE SPAIN







