
El cierre paulatino de las industrias de armamento, la reducción del gasto en Defensa y la escasez de la materia prima necesaria para fabricar munición han hundido la capacidad de producción europea
Los expertos llevan un tiempo alertando de que Europa se está quedando sin pólvora, y no precisamente en sentido metafórico, sino literal. El Viejo Continente se ha embarcado en un proceso de externalización de las fábricas de armamento y en una política de adelgazamiento de la industria de armas de los que ahora, con la amenaza rusa más patente que nunca, muchos han comenzado a acordarse.
El ex jefe de la diplomacia europea, el español Josep Borrell, lo llamaba la «confortable vida de la paz». Pero la amenaza de Trump de no defender a los países de la OTAN que no aumenten su gasto en Defensa y, sobre todo, el más que probable cierre en falso de la invasión de Ucrania, ha hecho que muchos vean que ya no se puede obivar más la necesidad de producir más armas. Cuanto antes y a la mayor velocidad posible.
El problema es que esto ya no es posible por culpa de una inesperada cadena que tiene a la industria de armas en un lado y al algodón chino en el otro. Lo explicaba el pasado mes de abril el por entonces Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad en una entrevista con La Sexta. «No podemos producir más municiones en Europa porque no producimos pólvora. Y no producimos pólvora porque la materia prima básica de la pólvora es el algodón, y no producimos algodón», explicó Borrell.
El gobierno ucraniano de Volodomir Zelenski ya se dio cuenta de este problema y se embarcó en un proyecto para cultivar algodón en algunas regiones del país, aunque con resultados que nunca tendrán una gran influencia a corto plazo.
«Hoy nuestro principal suministrador de pólvora es China y parece razonable que si queremos garantizar nuestra seguridad, tengamos capacidad propia de producir para hacer frente a los problemas que nos pueden venir encima -recuerda Borrell-. Este sentimiento de vivir en una situación de paz, que es algo muy confortable, desgraciadamente hoy en día no está tan claro».
La raíz del problema está en una política sistemática de reducción del sector de Defensa. »Las industrias de la Defensa que teníamos las cerramos porque vino el fin de la Guerra Fría y para qué tener stock de municiones si no las vamos a utilizar», recuerda Borrell.
Algunos de los gigantes de la industria de armas europeos, como Rheinmetall y Lockheed Martin, se han puesto manos a la obra para aumentar su capacidad de producción después de un periodo en el que han visto cómo caía su valor. Además, países como Reino Unido, Dinamarca o Alemania han cambiado ya el chip para aumentar la velocidad de producción en Defensa.
El plan de rearme recientemente aprobado por la Unión Europea, que supondrá la inyección de 800.000 millones de euros, es la mejor prueba de que los agoreros que advirtieron de que no se puede vivir sin músculo para defenderse no iban muy desencaminados.
Fuente: La Razón