La historia del hombre que robó el cerebro de Albert Einstein

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Foto de Archivo de Albert Einstein

Redacción Digital
Santo Domingo, RD

Albert Einstein murió el 18 de abril de 1955, hace 64 años, pero al momento de su fallecimiento su cuerpo no fue cremado por completo, la parte más brillante del científico fue conservado.

De acuerdo con la BBC, el cerebro de Albert Einstein fue extraído sin permiso por el doctor Thomas Harvey “en nombre de la ciencia”, pero sin el permiso de los familiares y allegados del científico de alemán de origen judío.

Tras extraer el cerebro de Einstein, Harvey  descubrió que pesaba 1,230 gramos, lo que significaba que pertenecía al límite inferior que el rango normal para su edad.

Cuando el hijo mayor de Einstein, Hans Albert, descubrió que el cerebro de su parte había sido hurtado, el doctor Harvey trató de convencerlo de que utilizaría este órgano como estudio científico. Sin embargo, luego de esta propuesta, fue despedido del Hospital de Princeton.

Pese a no tener trabajo, Harvey decidió trasladar el cerebro a la Universidad de Pennsylvania en Filadelfia, donde lo conservó en celoidina.  De esta forma también diseminó el cerebro del autor  de la Teoría de la Relatividad, para así enviar los restos del cerebro que contenían tejido indexadas a las piezas.

También se llevó dos partes a su casa y las guardó en su sótano.

Tiempo después le pidió a varios científicos que examinaran el cerebro de Einstein, pero se negaron. Su familia, principalmente su esposa se percató que Harvey estaba obsesionado con Einstein, por lo que lo abandonó.

Sin trabajo ni esposa, tomó el cerebro, lo colocó en el maletero de su vehículo y salió a buscar trabajo en Estados Unidos.

Después de haber finalizado la guerra de Vietnam, en 1975, las personas se olvidaron sobre el paradero del cerebro de uno de los científicos más valorados de la historia, y no fue hasta 1978 cuando un periodista de New Jersey Monthly, Steven Levy, conversó con Harvey, a quien le dijo que había encontrado el cerebro.

Tras la publicación de la entrevista, la neuróloga Marian Diamond conversó con Harvey, para solicitarle una parte del cerebro para un estudio.

En 1985 Diamond publicó un artículo en la revista “Science”, con los resultados del análisis, en el que determinó que Einstein tenía más células gliales que una persona común.

Harvey se fue convirtiendo con el tiempo en una figura importante para la ciencia. Cientos de científicos de todo el país le solicitaron muestras del cerebro de Einstein, que enviaba en frascos de mayonesa.

La antropóloga Dean Falk informó que el córtex prefrontal del cerebro tenía capacidades desarrolladas de concentración, la planificación o la perseverancia.

“El cerebro de Einstein tenía un córtex prefrontal extraordinario, lo que pudo contribuir a sus excepcionales capacidades cognitivas”, dijo Falk.

Mientras que Sandra Witelson determinó que el cerebro era de un  “genio parietal”, debido a que su lóbulo parietal inferior era más ancho de lo normal.

El 5 de abril de 2007 falleció el científico Thomas Harvey, quien todavía conservaba restos del cerebro de Einstein que fueron donados al Museo Nacional de Salud y Medicina en Maryland.

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