
Los líderes europeos se han reunido este jueves en Bruselas en el marco de un Consejo Europeo con el foco puesto en la guerra en Irán, así como en las consecuencias en la subida de los precios de la energía. A fin de consensuar medidas concretas, los 27 han abordado sus diferencias con la Administración Trump y su incursión en Oriente Medio.
A su llegada a la cumbre, los líderes de la Unión Europea han urgido a promover un cese de los ataques para facilitar un proceso de negociación. Kaja Kallas, alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores, ha hecho un llamamiento a hallar «una salida» al conflicto. Kallas, ha confirmado que mantiene conversaciones con Teherán para buscar «diferentes soluciones» al conflicto y evitar una escalada mayor.
El lema del «no a la guerra» ahora impera entre los 27 líderes europeos. En la cumbre ha predominado una oposición mayoritaria a implicarse en la guerra en Irán. De momento, los mandatarios cierran filas en torno a pedir una «desescalada».
Incluido Friedrich Merz, el canciller alemán, que en un inicio acercaba posturas con la Administración Trump, se ha mostrado afín a este proceso de negociación. De la misma manera, ha insistido en que para ello es imprescindible poner fin a las hostilidades.
El secretario general de la ONU, António Guterres, ha subrayado este planteamiento, al igual que ha señalado las posibles consecuencias que podrían impactar sobre la economía mundial: «En primer lugar, a Estados Unidos y a Israel: Ya es hora de poner fin a esta guerra que corre el riesgo de descontrolarse, causando un inmenso sufrimiento a la población civil y con repercusiones en la economía mundial que son realmente dramáticas y pueden acarrear consecuencias trágicas, especialmente para los países menos desarrollados».
20 días de guerra y el conflicto escala en la intensidad de violencia. Comienzan a cruzarse líneas rojas, el gas y el petróleo se convierten en el blanco militar principal de la ofensiva.
Israel escaló este miércoles a una dimensión peligrosa atacando South Pars-North Dome, el yacimiento de gas natural condensado más grande del mundo, situado en el Golfo Pérsico. El proyectil alcanzó hasta cuatro instalaciones de la planta, que han quedado inutilizadas. Irán ha definido como «crimen de guerra» el ataque y ha contestado traspasando también límites hasta ahora impensables, atacando refinerías en Arabia Saudí y Catar.
El régimen iraní atacó la refinería de Ras Laffan, la principal de gas natural licuado de Catar, que sufrió un incendio y serios daños. Además, restos de misiles impactaron en Abu Dabi en las instalaciones de gas de Habshan y en el yacimiento de Bab, que fueron clausurados. Tras el bombardeo a Pars Sur, la Guardia Revolucionaria advirtió que las instalaciones petroleras en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Catar «se han convertido en blancos legítimos y serán atacados en las próximas horas».
Arabia Saudí dijo que dos de sus refinerías en Riad han sido atacadas mientras el ministro de Asuntos Exteriores saudí, el príncipe Faisal bin Farhan Al Saud, afirmó que el país se reserva el derecho de emprender acciones militares contra Irán si fuera necesario.
Donald Trump se desvincula del ataque de Israel y deja sobre la administración de Netanyahu toda la atención. Asegura en sus redes sociales que «Israel, enfurecido por lo ocurrido en Oriente Medio, atacó una importante instalación en Irán conocida como el campo de gas Pars Sur. Solo una pequeña parte resultó dañada». El mandatario insistió en que su país no tenía «conocimiento previo del ataque» y que «Irán, sin conocer los hechos, respondió atacando injustificadamente una parte de la planta de gas natural licuado de Catar.






