
Se reencontrará con Héctor Lavoe, con quien creó la salsa neoyorquina y marcaron un estilo sonoro en Nueva York
Ha muerto el rey, viva el rey. A partir de estos momentos el nombre de Willy Colón se pronuncia a manera de leyenda y su legado se narra como si se tratara de una larga novela con capítulos interminables y modificables.Toda la música que hereda y un sinfín de pasajes sobre lo que fue su vida habrán de comenzar a explorarse desde el sentimiento, la emoción y la historia.
La noticia sobre su fallecimiento fue dada a conocer por su familia mediante las redes sociales del legendario músico. A los 75 años dejó de existir en el plano terrenal para habitar esa galaxia que aguarda a las estrellas como él.
Hospitalizado de emergencia en un hospital de Nueva York por problemas respiratorios, Colón ingresó al nosocomio que sería su última morada. Murió entre oraciones y plegarias de un público que al mismo tiempo recuerda éxitos como ‘El gran varón’, ‘Idilio’, ‘Mi sueño’, ‘Mi desengaño’, entre otras rolas más, para mantenerlo vivo en sus emociones musicales a ritmo de salsa.
Se ha ido ‘el rey de la salsa’ que hizo bailar a quienes tenían dos pies izquierdos y cantar a quienes descubrieron que sí sabían amar. Ha partido para reunirse con su antiguo socio, Héctor Lavoe, ese otro genio de la música con el que creó la denominada «salsa neoyorquina». Ambos dotaron de identidad sonora a Nueva York y su apéndice latino durante las décadas de los sesenta y los setenta. Colón y Lavoe, dos hombres que bien pudieron ser planetas, musicalizan la galaxia que Willie recién llega a habitar.
Willie Colón, el Bronx y Puerto Rico en su trompeta
Una mujer que permaneció incorruptible en la memoria y sentimiento de Colón hasta el final de sus días fue Antonia Román, su abuela. Doña Toña lo fue todo para él. En primera, porque le inculcó a respetar y amar sus raíces puertorriqueñas aunque creciera en Nueva York. En segunda, porque fue ella quien le regaló su primer instrumento, una trompeta.
Willie tenía once años cuando su abuela le cambió la vida para siempre. Después vinieron otros instrumentos en su carrera, principalmente el trombón, pero aquella trompeta obsequiada por la mujer que lo crió fue su sello con el destino. Acoplado a sus dos culturas, la puertorriqueña y la estadounidense, Colón recibió el apelativo de «neoyorrican» como distintivo.
Fuente: Marca USA







