
Por Miguel Solano
La policía mata, alegremente. Y lo hacen para satisfacer la doctrina, para mostrarles a sus entrenadores extranjeros que son dignos de confianza y que pueden tenerlos en cuenta para situaciones de control…
No olvidemos que a los militares y a la policía se les enseña a ser violadores. Se les enseña cómo destrozar a un individuo indefenso, se les enseña cómo torturar sus órganos genitales, se les enseña a destruir sus rostros y violarlos sexualmente, sin importar si es hombre o mujer, niño o niña, loco o cuerdo.
Cuando realizan sus prácticas «sometedoras», los policías están llamados a siempre disfrutar los gritos de sus víctimas, para vivirlos en sueños.

Y los políticos se creen héroes porque suelen poder decir :»Cancelarlos y someterlos a la justicia» La frase más emocionante que pronuncia un militar es :»¡Quitese la ropa, coño!» La actual administración entiende que practicar prohibiciones es un buen aliento para la doctrina.
¿Puede el gobierno entender que es un dilema de doctrina, de entrenamiento? ¿Puede el gobierno elaborar una diferente doctrina militar, aplicar un diferente entrenamiento?
Claro que sí, pero para hacer eso hay que trabajar en las causas, no en los efectos. Y trabajar las causas de los dilemas sociales nunca ha estado dentro del pensamiento de la actual administración.
Los conceptos emitidos en este artículo son de la responsabilidad del autor.







