
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por Yovanny Corporán Romero
En política, la popularidad abre puertas, pero rara vez decide elecciones internas. Ese es el error que muchos cometen —y que hoy comienza a evidenciarse dentro del PRM.
El debate hacia el 2028 ha colocado sobre la mesa dos nombres: Carolina Mejía y David Collado. Sin embargo, reducir esta discusión a una competencia de figuras es simplificar en exceso lo que realmente está en juego: poder real vs. percepción.
Carolina Mejía ha apostado por lo que históricamente define las candidaturas en partidos con vida orgánica: la estructura. Trabajo territorial, conexión con la base y presencia constante en los espacios internos. Es un modelo menos visible mediáticamente, pero profundamente efectivo en la lógica partidaria.
David Collado, en cambio, domina el terreno de la opinión pública. Su posicionamiento es sólido, su imagen está bien construida y su presencia mediática es constante. Pero hay una pregunta que no puede evadirse:
¿es suficiente la popularidad para ganar dentro de un partido?
La historia política dominicana ha respondido esa interrogante una y otra vez: no.
En el PRM no votan las redes sociales, no votan las encuestas, no vota la percepción.
Vota la base.
Y esa base responde a organización, cercanía y estructura.
Aquí no hay espacio para ingenuidades: quien no entienda esta diferencia puede llegar fuerte a la opinión pública, pero débil en el momento decisivo.
El 2028 no será una competencia de imagen.
Será una prueba de control político interno.
Y en esa cancha, las reglas están claras.








