Salvemos al Tostón

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Salvemos al Tostón
Por Miguel SOLANO
Cuando usted lo mastica ‘se incita, se inquieta, se aloca, le hierbe en los dientes y lo prende también’. Al Sentir en su paladar el crujir del místico sabor, usted puede estar seguro de que la esperanza de volver a disfrutarlo quedara danzando en su cuántica memoria, entrelazada siempre por ese color, “semejante al de la hierba fresca o al de la esmeralda”, y que surge del poder negro y rojo de la madre Tierra, que brotado de la estrecha armonía entre el Padre Cielo y la Madre Naturaleza. Hijo bendecido del plátano, del espíritu de los dioses y la mano humana, el tostón ha pasado a ser un símbolo inefable de la quisqueyanía.
Por razones de la literatura dominicana siempre traigo extranjeros al país. La primera cosa que le doy a comer es nuestro tostón. Nunca he visto a alguien que no enloquezca frente a su crujir y paladar. Mi hijo Michael cuando viene al país lo único que quiere comer es tostones y su pregunta permanente a su esposa es: ¿Puedes aprender a hacerlo? Y su esposa siempre le responde: “Pero yo siempre te le hago” y Michael vuelve y le aclara: “Pero no saben como aquí”
María Antonietta Ferro, una de las mas grandes conocedora de las lenguas derivadas del latín, desde que llego al país, lo primero que exigió fue: “ ¡Tengo que aprender a hacerlo!”, y aprendió, pero cuando me los ofrece, en Italia, siempre me aclara: “No quedan como en Republica Dominicana, tiene que ser el vendito transporte que modifica los plátanos, porque yo los hago como lo hacen allá”
En nuestro Diccionario de la Lengua Española, (DLE), en su 9 accesión, definimos al tostón como “m. Ant., Nic. y Ven. Rodaja de plátano verde, machacado y frito y a veces con especias”. Como la definición no hace justicia al autentico sentir propongo que se introduzca en el DLE, la accesión número 10, que diga:
— “10. m. Ant., Rep. Dom. Símbolo inefable de la quisqueyanía que al masticarlo incita, inquieta, aloca, hierbe en los dientes y lo prende también. Es una rodaja de plátano verde, cortado en diagonal, frito, machacado, pasado por agua de sal y ajo y vuelto a freír hasta adquirir ese color sol del atardecer.
Yo, como Confucio, Lao Tse y Sun Tzu, nunca he creído en eso de crisis, sino en oportunidades. La llamada “crisis venezolana” no ha sido mas que una oportunidad para que ese pueblo se estremezca y salga por el mundo a llevar sus bendiciones, que son extraordinarias.
Cuando uno ve a una venezolana llegar siente como si el “cuarto lugar en el espectro luminoso” está pisando la tierra. Y a muchos dominicanos les a caído muy bien, bastante bien pues su llegada a contribuido a equilibrar los precios, ya que los políticos, los peloteros y los comerciantes sin aduanas, en sus locas competencias por ofrecer más y más, habían disparado enormemente los precios de las chupadoras.
Pero como la belleza solo gobierna los primeros 15 minutos y, a partir de ahí, toda mujer que quiera sobrevivir tiene que aprender algo, hacer algo; muchas venezolanas han optado por poner pequeños negocios, sobre todo de comida. La ultima vez que fui a un restaurante, manejado por venezolana, y comí tostones no quedé con gusto de volver a comerlo, jamás. Visite otros para comprobar la ineficiencia y la conclusión fue la misma. No Saben Hacerlo. Fíjense que las tres palabras, “No Saben Hacerlo”, la escribí en mayúsculas.
Turismo, Educación, INFOTE y Cultura deben ponerse de acuerdo y elaborar un código de como se debe cocinar y ofrecer un tostón. Especialmente, prohibir que el tostón sea depositado en vidriera, pues en la medida que se va enfriando va perdiendo toda su esencia. Y duele y es vergonzoso comerse un tostón frio, pasmado, como diría don Juan Carabú.

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