
Por Miguel Solano
Los que planificaron la masacre contra las 175 niñas iraníes, ordenaron, para estar completamente satisfechos, a dos unidades independientes, tomar fotografías separadas y así asegurarse de que el objetivo elegido era el ideal, el correcto, el amado sangriento. ¿Por qué razón estos asesinos que dan órdenes y estos criminales que las ejecutan eligen blancos de esa naturaleza?
Porque de acuerdo con la teoría de la guerra, diseñada por la industria armamentista, lo que garantiza la permanencia del conflicto es sembrar el odio eterno.

Todos los humanos y, ni el mismo Diablo, podrán olvidar la masacre de las niñas iraníes. Los criminales sembraron el odio eterno con alegría, con planificación y alevosía. Washington y Telavi se bañarán, en su orgías de sangre, por los siglos de los siglos…
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