UN PEDIDO DE DIOS

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Por Miguel SOLANO

Ese día Lucifer no estaba contento, no es que estuviese enojado, porque el enojo en el Infierno no existe, pero estaba un poco molesto, digamos como una flor que empiezan a salirle las espinas.

Por su lado pasó un individuo, totalmente prendido en  fuego, pero con una de las mas finas botellas de uisquí en su mano derecha y en la izquierda un muslo de cerdo que horneaba en su propio fuego. A su lado, un séquito de bellísimas divas, con su voz de juramento  y arrullo  cantaban y reían camino a la playa de fuego. Lucifer los vio pasar y se prefirió:

— Esas escenas son las que me hacen un orgulloso rey de este paraíso de amor. Porque en mi reino todo es acerca del amor y el fuego. Y  amor y fuego son las mismas cosas. Aquí se aprende lo que la vida debería significar para ti, en un solo corazón.

Lucifer siempre anda con una bolsa de Orodiamante. Con ese exquisito metal, único en el universo, construyó sus monedas. Identificadas con una bella efigie, con su imagen y representación, que lo dibujan llorando, marchándose durante la noche y el día, pero mostrando el brillo de sus ojos. Todo el que le pasaba  por el lado recibía una. Son de tanto valor que una de las Luzpeso  puede cubrir todos los gastos de cien años en el paraíso del fuego. Siendo tan bueno, repartiendo tantas ilusiones ¿Por qué Dios le hacía eso? ¿Para qué le provocaba esos tormentos sin explicaciones? Había llamado a Dios en varias ocasiones, pero el Supremo se negaba a recibirle la llamada. Lucifer insistía en que ese individuo no calificaba para vivir en su planeta. Dios le habíaenviado a Anthony Ríos y el tipo llegó libre de pecados, declarado inocente ¿Que hacer con un ser así? Ni siquiera en la tiniebla podía enviar a su corazón.

Trató de convencer a su padre y jefe de que aceptara a Ríospara atrás, pero recibió una determinante:

— A ti no se  te fue dado el poder de clasificación.

Cuando Lucifer llamaba más allá del cielo azul, las llamadas rebotaban con un “no esta disponible, llame cuando llueva”.

Lucifer no podía seguir sumido en el letargo. Anthony seguíasentado en su despacho con una guitarra en las manos entonándole“La distancia / la cruel distancia / no ha logrado borrar de mi mente toda esta esperanza. La distancia / la cruel distancia / no ha podido lavar de mi cuerpo toda tu fragancia… ”. Pensó en que debía usar su truco preferido. Sabía que la única cosa que enojaba a Dios, bien enojado, es que lo hagan perder su sueño. Y si Dios pierde una billonésima parte de su sueño, es como un humano que pierda 18 días, sencillamente se muere. Así fue, por culpa de Anthony Ríos,  como Margaret Tayler Yates entro en los sueños de Dios.

Lucifer miró hacia la Tierra y la vio. Se dio cuenta de que era una criatura amada por Dios. Una mañana de frio invierno, la tomó y la puso en su sueño. El dolor resultó. Dios llamó a Jesús, su amado, y le dijo:

— Esa Yates está viviendo un destino cruel y sangriento, ayúdala.

¿Quiere que llore por ella? ¿Quiere que me vaya para nunca más volver?

¿Hijo, algunos inconvenientes con lo que esta dentro de tus piernas? Muy cruel es pensar que en tu alma no anida un cariño.

Jesús se marchó dispuesto a mostrar un sin rencor, con gran devoción. Llamó a Mateo y le ordenó:

— Autoriza  a los japoneses para que bombardean a Pearl Harbor.

Mateo estaba tan acostumbrado a los milagros de Jesús que no preguntó por qué. Y los aviones japoneses empezaron a volar los cielos cargados de bombas y kamikaze.

Margaret Tayler Yates era una de las mujeres mas populares en la Marina Norteamericana. Yates era novelista y había sido una inválida  por unos 12 meses. Con un corazón débil, había pasado en la cama veinte y dos de las 24 horas del soleado. Vivía del recuerdo de su gran ayer, incluso para salir a tomar el  sol debíaser ayudada por los brazos de su doncella. Cada día se sentía más cómoda sintiendo que perdía la fuerza para rehabilitarse. Y asíLucifer la ponía en los sueños de Dios.

Cuando las bombas empezaron a caer y a partir en pedazos a hombres y barcos, Yates vio que sin compasión las balas se esparcían destruyendo todo cuanto encontraban, pero que a ella no la atacaban. Entonces salió huyendo de su silla de ruedas y empezó a tirarse encima cuerpos destrozados y bajo un cielo de ilusiones colocaba sus manos sanadoras. Su corazón de piedra era ahora otra cosa. Cuando a Yates le preguntaron sobre lo ocurrido, respondió:

— Esa terrible crisis me procuró una fuerza que yo jamás habíacreído poseer. Me fue difícil llorar, me fue fácil reír y me dio una razón para ser grande, poderosa, me devolvió el poder para pensar y trabajar en los demás.

Días después, Dios vio a Jesús y le devolvió su promesa de adorarlo:

— Hijo, ¿Que hiciste con la Yates?

— Padre, resultó ser buena enfermera.

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