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Por Oscar Guedez
Tras la muerte del Líder Supremo de la República Islámica de Irán, Alí Jamenei, he notado que varios periodistas y analistas nacionales e internacionales repiten una expresión que parece natural, pero es incorrecta: la llegada de “un nuevo Ayatolá” al poder.
El problema de esa expresión es que “Ayatolá” no es un cargo político.
Ayatolá es un título religioso dentro de la jerarquía del islam chií, existen cientos de clérigos que poseen ese título y ni siquiera están todos en Irán ni son todos iraníes, pues los hay en otros países donde hay musulmanes chiitas como Irak, Líbano, Baréin, Kuwait, Yemen y en alguna zona de Arabia Saudí.
Por tanto, confundir el rango religioso con el cargo político de Líder Supremo, que es quien ocupa el cargo de Jefe de Estado en Irán, es uno de los errores más frecuentes en la cobertura mediática sobre la República Islámica.
ORIGEN
En árabe, Ayatolá significa literalmente “signo de Dios”. Dentro del chiismo duodecimano, que es la corriente religiosa dominante en Irán, el título se otorga a clérigos que han alcanzado un alto nivel de formación en jurisprudencia islámica.
Estos estudios pueden durar décadas en seminarios religiosos y permiten que el clérigo sea reconocido como Mujtahid, es decir, un jurista capaz de interpretar de forma independiente la ley islámica.
Por encima del rango de Ayatolá existe otro nivel, el de Gran Ayatolá, reservado a los teólogos más influyentes del mundo chií y que suelen dirigir seminarios, formar discípulos y emitir interpretaciones legales seguidas por millones de fieles.
Aunque no existe un registro oficial, se estima que en el mundo hay entre 500 y 1.000 ayatolás, mientras que entre 40 y 60 son considerados grandes ayatolás.
Dentro de Irán existen varios cientos de ayatolás activos en seminarios religiosos, instituciones académicas y tribunales islámicos y solo una pequeña parte de ellos participa en la arquitectura política del Estado.
Dentro de esa estructura estatal, su presencia más visible está en la Asamblea de Expertos, órgano compuesto por 88 clérigos encargado de elegir y supervisar al Líder Supremo.
Sus miembros son elegidos por voto popular cada ocho años, aunque los candidatos deben ser previamente aprobados por el Consejo de Guardianes, una institución clave dentro del sistema político iraní.
ESTABILIDAD
Tanto la Asamblea de Expertos como el Consejo de Guardianes forman parte del complejo entramado político del alto gobierno iraní, caracterizado por los contrapesos y la interdependencia que garantizan la estabilidad y continuidad del Estado sin grandes alteraciones ante cualquier eventualidad, como ha quedad en evidencia tras la muerte del Líder Supremo Alí Jamenei (2026) y del presidente Ebrahim Raisi (2024).
Porque, aunque el cargo central del sistema es el de Líder Supremo, la máxima autoridad política y religiosa del país y que se elige de manera indirecta, parte del liderazgo político sí que es elegido por voto popular y otros son elegidos por el parlamento, el poder judicial y otros órganos del alto gobierno.
Así pues, la República Islámica de Irán ha visto ascender a la más alta posición política y religiosa del país a su tercer Líder Supremo, Mojtaba Jamenei, hijo de su antecesor Alí Jamanei (el cargo no es hereditario), quien había llegado al poder en 1989 tras la muerte por causas naturales del fundador del estado teocrático iraní, Ruhollah Jomeini en 1979.
Es importante recordar que cuando hablamos en los medios de comunicación y redes sociales sobre el sucesor de Jamenei como “el nuevo ayatolá”, estamos mezclando dos conceptos, y ello sólo sirve para confundir al público, que ya tiene bastante con tratar de entender las causas, razones y posibles consecuencias de una guerra que involucra a una decena de países.







