
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
¿Cómo es posible que un gobierno elegido por un pueblo le diga a ese mismo pueblo que se está sacrificando por él?
¿Cuál es ese sacrificio?
¿Para qué fue elegido?
Llevándolo al contexto institucional, resulta inconcebible que desde el Ministerio de Industria y Comercio se le comunique a la ciudadanía que el gobierno se “sacrifica” para mantener estables los precios de los combustibles.
Ese no es un sacrificio. Ese es su deber.
Para eso fue elegido. Para eso el pueblo paga impuestos: para tener administradores capaces, personas que en momentos de crisis ofrezcan respuestas oportunas y soluciones reales.
Un funcionario público no se manda a sí mismo. Lo manda el pueblo. Ese mismo pueblo que sostiene su salario y que merece respeto, transparencia y eficiencia.
Gobernar no es sacrificarse, es cumplir.
Si sienten que hacer su trabajo es un sacrificio, entonces deben apartarse y dar paso a quienes sí entiendan el compromiso que implica dirigir un país.
Porque un pueblo no necesita sacrificios disfrazados de gestión. Necesita responsabilidad, capacidad y resultados.







