
Testigo del tiempo
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por J.C. Malone
Si vemos la conexión entre dos acontecimientos aislados, nuestra perspectiva cambia para siempre; así comprenderemos la lógica detrás de la política exterior del presidente Donald Trump.
Hay 10.000 kilómetros entre Canadá e Irán; los une su petróleo y las ambiciones del imperio británico.
Canadá es una colonia británica; el rey de Inglaterra es su jefe de Estado y la figura más importante en las economías canadiense e iraní.
Los ataques de Trump a Irán y sus tarifas arancelarias a Canadá son golpes contra el imperio británico, que también ejerce gran dominio sobre la economía estadounidense.
Entre los “antiimperialistas” más importantes están: quienes no quieren ser colonizados y los imperios que no admiten competencia. Trump es un antiimperialista que no admite competencia. Resulta extraño verlo como un “antiimperialista”, pero lo es; quiere el monopolio vendiendo hidrocarburos en Occidente.
Intento explicar lo que pasa y sus razones para que, informados, saquemos nuestras propias conclusiones, así decidamos a quién apoyar o antagonizar.
Uno de los primeros golpes de Estado de la modernidad ocurrió en Irán en 1953 contra Muhammad Mosaddegh, quien nacionalizó el petróleo iraní.
La Anglo-Iranian Oil Company (AIOC), financió; el servicio secreto británico MI6 y la CIA ejecutaron el golpe. La AIOC pasó a ser British Petroleum, luego Beyond Petroleum. Ahora es BP. Inglaterra sigue controlando el petróleo iraní y canadiense, pero ni ellos ni los haitianos tienen petróleo.
El rey de Inglaterra ya no encabeza la Iglesia Anglicana; ahora es “defensor de la fe”, que incluye el islam, junto al cristianismo, en la “multi-fe”.
Antes de ser primer ministro de Canadá, Mark Carney fue gobernador del Banco Central de Inglaterra. Cuando Trump propone que Canadá sea parte de los Estados Unidos, plantea quitarle a Inglaterra su colonia más lucrativa.
Los ingleses controlan los mercados financieros occidentales y pueden provocar una crisis financiera como respuesta a Trump.
Es más fácil decir que Trump está “loco”, pero cuando vemos las cosas como son, no podemos dejar de verlas; nuestra perspectiva cambia, y podemos entender a Trump.







