
El USS Abraham Lincoln ha llegado a Tailandia con el casco cubierto de óxido y algas tras casi diez meses de despliegue, una imagen que refleja hasta qué punto la Marina de EE. UU. está exprimiendo sus portaaviones
Cuesta creer que las imágenes que se dieron a conocer corresponden a uno de los portaaviones más poderosos del mundo. El USS Abraham Lincoln ha llegado al puerto de Laem Chabang con manchas de óxido en el casco y una franja verde de algas junto a la línea de flotación, después de un despliegue que ha exprimido al buque durante meses.
La imagen, sin embargo, no significa que el portaaviones esté abandonado ni fuera de servicio, pues es la consecuencia visible de 286 días de despliegue con solo breves paradas logísticas y sin una escala completa para descansar, muchos de ellos dedicados a operaciones contra Irán.
El óxido cuenta nueve meses de operaciones casi sin descanso
El Abraham Lincoln salió de San Diego el pasado noviembre de 2025 para una misión que inicialmente debía desarrollarse en el Pacífico. En enero fue enviado a Oriente Medio y, desde el 28 de febrero, su grupo participó en los ataques de la operación Epic Fury y en las operaciones posteriores contra Irán.
La presión fue tal que Estados Unidos siguió moviendo más portaaviones hacia la zona. El USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande del mundo, cruzó el canal de Suez para sumarse a la ofensiva, mientras la Armada preparaba relevos para mantener su presencia.
Durante gran parte de ese tiempo, el Lincoln tuvo que recibir combustible, comida, munición y otros suministros directamente en el mar. Ese ritmo deja poco margen para tareas de mantenimiento exterior. El resultado son manchas de óxido donde el agua salada castiga continuamente la pintura.
Las algas acumuladas en la parte baja del casco cuentan una historia parecida. Son llamativas, pero por sí solas no indican daños graves ni que el barco haya perdido capacidad de combate.
Las fotos también revelan un problema mayor para la Marina estadounidense
Más preocupante que la pintura ha sido el desgaste humano. Durante el despliegue aparecieron quejas de familiares sobre comida, suministros y salud mental a bordo. La misión se prolongó tanto que la Marina terminó sustituyendo al Lincoln en Oriente Medio por el USS George Washington.
El caso tampoco es aislado, pues el Gerald R. Ford regresó en mayo después de 326 días desplegado, un récord desde la Guerra Fría, y la Marina ya prepara misiones especialmente largas para los siguientes grupos. El Uss Theidore Roosevet es uno de los portaaviones destinados a mantener esa presencia frente a Irán.
Cuanto más tiempo permanece un portaaviones fuera, más mantenimiento suele necesitar después y menos barcos quedan disponibles para cubrir la siguiente misión. El jefe de Operaciones Navales, Daryl Caudle, ha reconocido que quiere recuperar despliegues cercanos a siete meses, pero la situación internacional complica ese objetivo.
Por eso el aspecto del Abraham Lincoln importa más allá de unas manchas poco favorecedoras. El óxido se limpiará y el casco volverá a pintarse. Lo difícil será reducir el ritmo que ha llevado a uno de los mayores símbolos del poder naval estadounidense a llegar a puerto con nueve meses de desgaste escrito sobre sus costados.
FUENTE: La Razón






