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Por Becker Márquez Bautista
Hace poco escribimos un artículo sobre una futura alianza entre el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el Partido Revolucionario Moderno (PRM), actual partido de gobierno y precisamente el que lo desplazó del poder. En ese texto cuestionábamos cómo era posible que el PLD contemplara realizar una alianza con sus verdugos. Casi de inmediato, los promotores de ese pacto comenzaron a enfilar sus ataques hacia nosotros.
A ellos les quiero repetir lo siguiente: el nivel de odio y resentimiento personal que un grupito del PLD le tiene al Dr. Leonel Fernández Reyna los está cegando por completo. Esa ceguera política les impide analizar el panorama con objetividad, llevándolos a preferir hundir su propio barco y favorecer a sus verdugos antes que pensar en una verdadera unidad opositora.
Para analizar estratégicamente el escenario actual del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), es imperativo evaluar las opciones que tienen sobre la mesa de cara a los próximos torneos electorales. El dilema de las alianzas para el partido morado presenta dos vías principales, ambas con ventajas y desventajas claramente diferenciadas que definirán su supervivencia o su declive definitivo.
Voy a presentarles dos opciones, la A y la B, que servirán como análisis aclaratorio y guía de comprensión lectora.
Opción A: Alianza con la Fuerza del Pueblo (FP)
Afinidad ideológica e histórica: Ambos partidos comparten la misma raíz doctrinaria e histórica (el boschismo) y las mismas bases sociopolíticas, lo que hace que un entendimiento sea natural para sus simpatizantes.
Ventaja estratégica: Reunificar el bloque opositor es la vía más directa para disputarle el poder al oficialismo (PRM) y forzar una segunda vuelta, o bien, consolidar un bloque de gobierno alternativo.
El gran riesgo: La histórica rivalidad por el liderazgo del espacio opositor entre las figuras de Danilo Medina y Leonel Fernández. Además, existe el peligro latente de que la FP, al haberse posicionado ya como la principal fuerza de oposición, termine de absorber el electorado restante del PLD.
Opción B: Acuerdo o coincidencia con el PRM
Ventaja estratégica: Un pacto táctico con el partido de gobierno le permitiría al PLD mantener ciertas cuotas de poder institucional, preservar presencia municipal o legislativa y tener participación en la gobernabilidad sobre temas de Estado.
El gran riesgo: La pérdida absoluta de su identidad política. Apoyar o pactar con el partido que impulsó su salida del poder terminaría de desorientar a su militancia tradicional. Esto consolidaría al PLD, de manera definitiva, como una fuerza minoritaria y un simple partido bisagra frente al liderazgo de la FP.
Perspectiva de análisis político
Desde un punto de vista puramente electoral, la alianza entre el PLD y la Fuerza del Pueblo suele considerarse la vía más orgánica y lógica para competir contra el PRM. No obstante, la viabilidad de ese pacto depende mucho más de la madurez y la capacidad de sus liderazgos para negociar candidaturas, deponer egos y cicatrizar las disputas del pasado, que de la simple matemática electoral.
Creo que para el proceso electoral del 2028, el PLD lo tiene muy difícil; ahora bien, debemos analizar los contextos. Es cierto que la FP hizo un pacto táctico en 2020, pero fue para desplazar a un gobierno, no para aliarse con él. Si el PLD se alía con el PRM en el 2028, se estaría aliando con el oficialismo que lo persiguió, lo humilló y le aplicó el lawfare. Hacer oposición real es enfrentar al gobierno, no pactar con tus verdugos para convertirte en un partido bisagra. Las circunstancias no pueden justificar la pérdida de la dignidad política.
La historia está ahí y jamás los peledeístas pueden olvidar que los fupistas y ellos son hermanos siameses a quienes los unen muchas más cosas de las que los desunen.
En política, los números suman, pero son las voluntades reales las que ganan elecciones.







