
Reelección del mandatario brasileño frena avance del sionismo en Latinoamérica
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por Eduardo Cornejo De Acosta
Buenas noticias para Brasil. Buenas noticias para América. Buenas noticias para la humanidad. El triunfo de Lula es reconfortante para todo aquel que deteste la barbarie.
Hubiera sido una tragedia para el mundo que un personaje de las características de Flávio Bolsonaro hubiera ganado la presidencia de un país tan importante como Brasil.
Un personaje con posturas políticas tan retrogradas en materia de derechos humanos, de igualdad de género. Un misógino, homofóbico. Un adorador de la violencia.
Un personaje que se declara sionista, con todo lo que ello implica; que lo posiciona como seguidor del genocidio en Palestina, en otras zonas del Medio Oriente.
Con todo lo que ello implica en el desprecio de la humanidad toda, a todo aquel que no es como ellos.
Con esa carga ideológica que lleva a exterminar quienes se les oponen.
¿Qué hubiera pasado si hubiera triunfado su ideología, sus posiciones, en un país mestizo como Brasil, en un país cuya religiosidad popular tan arraigada con cultos ancestrales autóctonos o trasplantados desde África, muchas veces fusionados en la base de la pirámide social? Configuraría un escenario muy malo, muy complicado para Brasil.
Afortunadamente, muchos que no votaron en la primera vuelta, muchos que dudaron, o que aplicaron el voto castigo a Lula, por algún o algunos errores, decidieron que los desatinos del ex obrero metalúrgico podían ser subsanados, pero que meter el sionismo en palacio de gobierno hubiera sido un paso sin retorno.
Pero, además, el triunfo de Lula representa el triunfo de la humanidad contra el tecnofeudalismo. Fue derrotado el algoritmo. Las plataformas digitales no pudieron contra la conciencia de un pueblo que desde que llegó el PT al gobierno sacó a varios millones de personas de la pobreza.
Así lo hizo notar el reelecto presidente cuando dijo que regulará las plataformas digitales, y denunciara la intromisión externa a través de las redes sociales durante la campaña electoral.
«No puede ser que no tengamos la conciencia que el crimen en el mundo digital debe ser tratado como si fuera un crimen de la vida real», expresó.
Es decir, la elección en Brasil, como casi todas, o todas en el mundo, han sido influidas por los dueños de las grandes tecnológicas del planeta, alineadas con los intereses del norte global, del sionismo.
Bolsonaro en la presidencia significaba acentuar la penetración sionista en Latinoamérica. Significaba darle un golpe muy fuerte a los BRICS, lo que sería ir contra el multilateralismo, contra el fin del hegemonismo norteamericano.
Con Lula en la presidencia, la izquierda, los grupos progresistas de América Latina y el mundo, saben que sus posturas si tienen futuro.
Es un avance importante contra el tecnofeudalismo a nivel global.
Ya los jóvenes en Europa han hecho su parte. Pese a todas las técnicas y procedimientos que usan las redes sociales, las plataformas digitales, para domesticarlos, se han revelado y están reclamando por sus derechos, por sus conquistas. Se están manifestando contra las injusticias.
En Paris se vuelven a escuchar las consignas de: Libertad, igualdad y fraternidad.
El mundo avanza contra el fascismo, el sionismo, contra el tecnofeudalismo. Un mundo mejor es posible. El humanismo no es cosa del pasado, mantiene su vigencia. El triunfo de Lula lo revitaliza.







