
El blindaje legal de Washington convierte a Rabat en su socio militar prioritario en África y obliga a España a revisar su postura en el Estrecho, el Magreb y el flanco sur de la OTAN
La decisión del Senado estadounidense de incluir en la Ley de Autorización de la Defensa Nacional (NDAA) una cláusula que ordena al Pentágono diseñar una hoja de ruta de diez años para reforzar a Marruecos como su socio militar prioritario en África supone un giro estratégico de primer orden.
Si el texto se aprueba, Rabat quedará protegido por una cooperación militar blindada por ley, inmune a cambios de administración y presupuestos. Para España, que comparte con Marruecos la única frontera terrestre de la UE en África y controla junto a él el acceso al Mediterráneo, el movimiento no es neutro: reconfigura su flanco sur y altera el equilibrio del Magreb en plena carrera de rearme
La alianza no es un gesto diplomático. Es una orden legislativa que obliga al Pentágono a fortalecer a Marruecos en capacidades aéreas, navales, de inteligencia y de proyección regional.
Washington busca un socio estable para contener la influencia rusa y china en África y para asegurar rutas críticas en el Atlántico y el Sahel. Rabat encaja en ese papel y lo aprovecha para consolidar su posición frente a Argelia y para reforzar su peso político en el norte de África.
España, que depende de la estabilidad del Estrecho y de la cooperación con Marruecos para controlar flujos migratorios y amenazas híbridas, observa cómo su vecino se convierte en pieza clave de la estrategia estadounidense.
Un Magreb más militarizado y un flanco sur más exigente para España
El blindaje legal llega en un momento de rearme acelerado. Marruecos ha elevado su presupuesto de defensa a más de 15.000 millones de dólares, con la llegada de los F‑16 Block 72, la modernización de otros 23, la negociación de Rafale F4, la incorporación de sistemas antimisil israelíes y la compra de drones de ataque. Argelia responde con Su‑35, Su‑57E y un gasto militar que roza los 20.000 millones.Play Video
La región entra en una dinámica de calidad contra calidad que incrementa la tensión estructural entre ambos países.

Para España, este entorno más militarizado implica revisar su estrategia en tres niveles. En primer lugar, el Estrecho de Gibraltar, donde la Armada deberá reforzar vigilancia, guerra electrónica y presencia naval ante un vecino con mayor capacidad de proyección.
En segundo lugar, Canarias, cuya posición estratégica se vuelve más relevante en un escenario donde Marruecos amplía su radio de acción marítima y aérea. Y en tercer lugar, la OTAN, que exige a España alcanzar el 2 % del PIB en defensa en 2025 y avanzar hacia el 3,5 % recomendado para sostener capacidades de alta intensidad.
La paradoja es evidente: mientras Washington refuerza a Marruecos, España mantiene una relación compleja con Rabat, marcada por la cuestión del Sáhara Occidental, los episodios migratorios y la dependencia mutua en seguridad fronteriza.
Una relación triangular que condiciona la política exterior española
La nueva alianza crea una relación triangular en la que España debe gestionar simultáneamente su vínculo con Estados Unidos, su cooperación con Marruecos y su papel en la OTAN. Washington no busca desplazar a España, pero sí prioriza a Rabat como socio operativo en África.
Esto coloca a Madrid en una posición delicada: necesita a Marruecos para la estabilidad del Estrecho, pero también debe evitar que la creciente dependencia de Rabat respecto a Estados Unidos erosione su propia capacidad de influencia.
La pregunta que se abre es clara: ¿cómo debe adaptarse la estrategia española en un escenario donde su vecino del sur se convierte en aliado estructural de la primera potencia militar del mundo? La respuesta exigirá más inversión, más diplomacia y más presencia en un flanco sur que ya no se mueve al ritmo de Madrid, sino al de Washington y Rabat.
Fuente: La Razón






