
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Johnny Sanchez
Excelente discurso dio nuestro presidente, y hoy líder máximo del partido mayoritario en cierre de la XXIV Convención Nacional Ordinaria del PRM
Sin lugar a dudas vote por Luis en el 16, 20 y en el 2024, pero ya el juego cambio, tiene sus fallas como todo humano, pero fue la mejor opción en esos momentos.
En 2028, no sabemos. Muchos dejamos de creer en cambios, creemos en el amigo que te de valor, porque cambio total nunca habrá.
Existe, aunque lo nieguen, un verdadero miedo dentro PRM, después de sus «consenso sin contar votos»
Repetir mismas direcciones en exterior y en otros puntos de RD, donde los
máximos dirigentes del partido todos tienen buenos sueldo en el gobierno, la gente lo ve.
Creo, el poder no teme perder votos; teme despertar conciencias.
Existe una verdad incómoda en toda democracia: el poder no teme únicamente perder votos. Lo que realmente le inquieta es que vote quien nunca ha votado.
Que el ciudadano silencioso, el desencantado, el que dejó de creer en la política, descubra que su ausencia también ha sido una decisión con consecuencias.
La abstención no es neutral. Y desde 2020 ha ido in crescendo en el exterior. Cada elección en la que millones deciden quedarse en casa termina favoreciendo a quienes ya conocen cómo
ganar con una participación limitada.
Mientras menos ciudadanos participen, más fácil resulta que las estructuras tradicionales conserven el control. En la diáspora la abstención 2024 fue del 70%
Por eso, el mayor temor del poder no es la crítica en las redes sociales ni las conversaciones de café. Es que ese malestar disperso se transforme en participación organizada.
Que quienes durante años dijeron «todos son iguales» decidan observar, informarse, exigir y votar.
La historia demuestra que los grandes cambios rara vez comenzaron con quienes ya estaban convencidos. Comenzaron cuando personas comunes entendieron que renunciar
a participar era entregar a otros el derecho de decidir su futuro.
El ciudadano silencioso posee una fuerza extraordinaria. No aparece en los debates políticos ni suele protagonizar titulares. Sin embargo, cuando despierta, cambia elecciones,
redefine prioridades y obliga a los gobernantes a escuchar donde antes solo hablaban.
La democracia no se fortalece con el conformismo, sino con ciudadanos activos. El voto no resuelve por sí solo todos los problemas, pero la indiferencia casi siempre los agrava.
Quien no participa deja espacio para que otros decidan en su nombre.
Quizá la mayor revolución no sea cambiar de gobernante. Quizá sea lograr que millones comprendan que su voz vale más que su resignación.
Porque cuando el malestar deja de ser una queja aislada y se convierte en participación organizada, el poder entiende que ya no enfrenta solo una elección: enfrenta una ciudadanía despierta
Partidos en RD, temen que el ciudadano cansado de promesas, el que renunció a las urnas por decepción, descubra que su silencio ha sido el mejor aliado de quienes hoy critica.
Porque cada abstención no solo expresa desencanto; también entrega el poder a quienes sí logran movilizar a los suyos.
Los gobiernos soportan protestas, sobreviven a escándalos e incluso resisten crisis. Lo que realmente puede cambiar el rumbo de una nación es una ciudadanía que deja de ser espectadora y decide participar.
El poder sabe que un pueblo dividido es administrable, pero un pueblo organizado es imparable. Sabe que el malestar aislado se diluye; en cambio, cuando millones convierten la indignación
en participación, ninguna maquinaria política alcanza para contener esa fuerza. ¿Veremos un 2028 más participativo y menos caudillista??
La democracia no muere solo cuando se roba o compra un voto. También se debilita cuando el ciudadano renuncia voluntariamente a ejercerlo. Cada persona que decide no participar
deja que otros escriban su destino.
El cambio nunca ha nacido de la resignación. Nace cuando el ciudadano entiende que el voto no es un favor al político, sino un acto de defensa propia.
El día que el ciudadano silencioso despierte y convierta su frustración en acción organizada, el mapa político cambiará. No porque el poder haya querido transformarse, sino porque ya no podrá seguir gobernando sobre la indiferencia de una mayoría.
El mayor temor del poder no es perder una elección. Es perder el monopolio de la apatía. Porque cuando despierta la conciencia ciudadana, ningún aparato político
es más fuerte que la voluntad de un pueblo decidido a recuperar su futuro.
Me abrió la mente el análisis del periodista Johnny Trinidad, que dice: «PRM no está compitiendo contra un comunicador. Está compitiendo contra una estrategia de Estado
para dividir tu voto, ejecutada por el único dominicano que puede entrar a todos los barrios donde la oposición todavía tiene esperanza.
Alofoke presidente no es el objetivo. Alofoke candidato que diluye oposición y agrupa a los que no creen en políticos.
El oficialismo no necesita un candidato que le sume votos a su proyecto. Necesita un candidato que le reste votos al otro. Y no cualquier voto: el voto joven, urbano, de barrio, desencantado,
que no votó en 2024, que votó nulo, que votó por Leonel por rabia, pero sin convicción, que consume política no en la Z101, sino en TikTok o en Alofoke Radio Show «
Lo bueno es que las bases del PRM, ya saben quién ayuda y quién es solo bulto, no moverán un dedo ni que le paguen, me dicen. Decir eso es mi excomulgación del PRM, lo acepto.





