
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten.
Es una frase que escucho desde mi niñez: «El malagradecido no tiene memoria.» Con el paso de los años entendí que no se trata solo de un refrán popular, sino de una realidad que se repite con demasiada frecuencia.
El malagradecido es esa persona que olvida con facilidad quién le tendió la mano cuando más lo necesitaba. Es quien, después de alcanzar una posición, un cargo o una oportunidad, borra de su memoria el camino recorrido y a quienes hicieron posible que llegara hasta allí.
La gratitud no consiste en vivir endeudado con alguien, sino en reconocer el bien recibido. Recordar no resta dignidad; al contrario, habla de la calidad humana de una persona. Quien olvida sus raíces termina creyendo que todo lo consiguió solo, cuando la verdad es que nadie asciende sin el apoyo, el consejo o el sacrificio de otros.
El problema del malagradecido no es únicamente que olvide. Lo más preocupante es que muchas veces desprecia a quienes antes necesitó, cambia la lealtad por conveniencia y sustituye la humildad por arrogancia. Cuando eso ocurre, deja de valorar a las personas para valorar únicamente las circunstancias.
La memoria selectiva suele ser el refugio de quienes prefieren borrar los favores recibidos para no sentirse comprometidos con la gratitud. Pero la vida tiene una forma muy particular de enseñar que los caminos también se recorren de regreso y que las puertas que hoy se cierran por soberbia, mañana pueden hacer mucha falta.
Ser agradecido no cuesta dinero, no disminuye el poder ni resta autoridad. Al contrario, engrandece a quien sabe reconocer que nunca llegó solo.
Porque la memoria puede fallar, pero el corazón nunca debería olvidar a quienes estuvieron presentes cuando nadie más creyó, cuando nadie más ayudó y cuando nadie más extendió la mano.
Al final, la verdadera grandeza no está en llegar lejos, sino en tener la decencia de mirar hacia atrás y recordar quiénes caminaron contigo cuando el camino era cuesta arriba.







