
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
Sí debe ser así. El presidente Luis Abinader debe retomar las Semanales, pero llevándolas directamente a los diferentes municipios del país, donde verdaderamente están las necesidades y donde la gente espera respuestas reales.
Las Semanales no deben limitarse únicamente a un salón en la capital. Deben convertirse en encuentros abiertos con las comunidades, convocando un día antes a las autoridades locales, líderes comunitarios, iglesias, deportistas, empresarios, juntas de vecinos, productores y representantes de todos los sectores sociales.
El mandatario debe sentarse frente a la gente y escuchar sus quejas, necesidades y propuestas sin filtros ni maquillajes.
Sería una forma distinta de gobernar y también de supervisar.
Las Semanales podrían tomar un nuevo giro: funcionarios sentados al lado del presidente explicándole cara a cara a la población cuál ha sido la inversión realizada en cada municipio, por qué hay obras paralizadas, por qué otras no han iniciado y cuáles son las verdaderas dificultades que enfrentan esas comunidades.
Porque muchas veces desde los escritorios se presentan informes bonitos, pero en los barrios y municipios la realidad es otra.
Claro está, el respeto debe prevalecer siempre. Las críticas pueden hacerse con firmeza, pero sin faltar al respeto al mandatario ni a las autoridades.
La población debe entender que escuchar no significa debilidad, sino interés por corregir lo que no está funcionando.
Y precisamente ahí está uno de los puntos más importantes.
El presidente Luis Abinader mantiene una valoración positiva porque gran parte del pueblo percibe en él cercanía y disposición de trabajo. Por eso, tomar la decisión de ir personalmente a escuchar las comunidades fortalecería aún más esa imagen de un gobierno abierto y dispuesto a enfrentar los problemas.
Además, permitiría identificar directamente cuáles funcionarios están cumpliendo y cuáles simplemente están ocupando posiciones sin dar respuestas.
Las comunidades no quieren discursos eternos. Quieren soluciones. Quieren ser escuchadas. Quieren obras terminadas. Quieren funcionarios que den la cara.
El presidente debe seguir mostrando al país que su gestión busca transformar la manera de gobernar y acercar el poder a la gente.
Sería una de las mejores iniciativas de participación ciudadana y, sin dudas, la valoración positiva del mandatario continuaría aumentando.
Porque cuando un gobernante escucha al pueblo sin intermediarios, el pueblo también aprende a confiar más en su gobierno.







