
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten
“Esperando el río”.
Fue la expresión utilizada por el director distrital de Belloso, en La Isabela, Puerto Plata, Isaac Brito. Una frase que para algunos provocó risa, pero que para otros deja un profundo sentimiento de tristeza.
Y no es para menos.
El río Bajabonico no es solo un cauce de agua. Es una amenaza constante para muchos sectores de Puerto Plata. Con sus más de 90 kilómetros de recorrido, nace en la Cordillera Septentrional y atraviesa comunidades hasta desembocar en Dieguito, La Isabela, marcando a su paso historias de miedo, pérdidas y abandono.
Decir que cuando llueve no duermen, que viven “esperando el río”, no es una metáfora… es una realidad cruda.
Es la confesión de un pueblo que ha aprendido a convivir con el peligro.
Es el reflejo de comunidades que sienten que la protección nunca llega.
Es la evidencia de que el riesgo se ha normalizado.
Porque nadie debería vivir esperando una tragedia.
Esa frase debe ser más que un comentario: debe ser un llamado de atención.
Para quienes toman decisiones.
Para quienes administran recursos.
Para quienes prometen soluciones que nunca llegan.
Esperar el río no puede seguir siendo parte de la rutina.
Porque cuando un pueblo deja de dormir por miedo, lo que está en riesgo no es solo su tranquilidad es su dignidad.







