
El director turco-alemán reflexiona sobra la relación de su película ‘La isla de Amrum’ con la actualidad
Fatih Akin es un director turco-alemán que, desde sus inicios, ha desgranado las dos sociedades que lo han visto crecer. Ha observado y denunciado los niveles de violencia y xenofobia que hay en la sociedad, pero también cuánto cuesta hablar de identidad.
Él mismo se define con dos nacionalidades, pero, como bien muestra en sus filmes, ¿qué implica ser una cosa u otra?
En su nueva película, en cambio, Akin parece cambiar un poco. Lo hace filmando un guion de otro cineasta, el que fuera su profesor de cine y compañero de aventuras, Hark Bohm: La isla de Amrum.
La cinta viaja al pasado, a la isla alemana a la que hace referencia el título y en la que Bohm creció. Un lugar cuya existencia Akin desconocía y del que se siente “ajeno”. “La única isla que conozco es la isla de Creta”, revela.
Una isla como paisaje y personaje
“Yo soy una persona de ciudad. Tengo un perro, pero no soy un hombre muy de la naturaleza. Por eso, hacer esta película fue desafiante”, confiesa.
“Por un lado, porque no sabía cómo fotografiar el ambiente, porque en mis películas las ciudades siempre son un personaje más. Y me preguntaba cómo las playas, los árboles, el viento, el agua y el mar podían ser personajes de mi película. Ese fue un gran desafío”, prosigue.
Lo ha conseguido, aunque no ha sido fácil. “¿Sabes ese tópico de que cada película que haces es como un hijo tuyo?”, pregunta. “Bien, esta es como adoptar un hijo. Y la lección que he aprendido es que cuando lo adoptas puedes llegar a quererlo tanto como si fuese propio”, se responde a sí mismo.
Y de alguna manera lo es. La isla de Amrum habla de todos los temas que aparecen en el cine de Akin: violencia, nazismo, xenofobia, hipocresía social… Aquí lo hace a través de un niño.
De qué trata la película
Nanning tiene 12 años. Vive en esta pequeña isla alemana en plena II Guerra Mundial. Su madre es una nazi acérrima y su padre está en el campo de batalla. Él reproduce modelos: insulta a los polacos que se acercan al pueblo, juega de forma violenta y tiene reacciones agresivas… Pero no es ajeno a su entorno.
Cuando Hitler pierde la guerra, se suicida y los nazis pierden el poder, la vida cambia en Amrum. Sus amigos y los de su madre les dan la espalda. Actúan como si nunca hubieran apoyado al régimen fascista y, por eso, dejan de lado a Nanning y a su familia.
Inocencia y Edén
¿La pérdida de la inocencia? Más bien “La isla de Amrum es la historia de la pérdida del Edén”, matiza Akin. “Como Adán y Eva, ellos son expulsados de su paraíso nazi en el que vivían”, compara.
“La historia de Adán y Eva es la de dos personajes que muerden la manzana y obtienen el conocimiento de lo que es el pecado. Por eso se sienten culpables y son expulsados del paraíso”, reflexiona ante Crónica Global.
Por eso, insiste, “sí, la película trata de unos personajes que pierden la inocencia, pero nunca pierden la culpa”, siempre la arrastran y la arrastrarán, como Adán y Eva. ¿Y no es este uno de los temas que están presentes en la filmografía de Akin?
Si uno hace un repaso a sus películas, la culpa, el nazismo, la violencia, la xenofobia, la inmigración y la identidad, de un modo u otro, están presentes. Y en La isla de Amrum, a pesar de ser un guion ajeno, no es menos.
Un relato que cobra sentido
El realizador se ha dado cuenta con el paso del tiempo. Él pensaba que solo estaba siguiendo y adaptando un poco el guion que su amigo, fallecido recientemente, no pudo filmar.
“Un año después de haber hecho la película todo empieza a tener sentido y ves que no se aleja de las temáticas que a uno le interesan”, confiesa a Crónica Global. “Luego vimos que la película hablaba de eso que dices y tiene todo el sentido del mundo”, subraya.
Un pasado demasiado presente
Es más, Akin reconoce que, vista ahora, con todo lo que sucede en el mundo, tiene claro que “si la película ubica los hechos en el pasado, no habla del pasado, sino de la actualidad”. ¿Por qué no está igual de presente ahora esta violencia? ¿No hay gente que ahora niega haber cometido ciertos actos o haber sido de un bando o de otro y niega la mayor, como hace la madre? Sin duda.
“Las cosas no han cambiado nada, en absoluto”. La violencia sigue ahí. Tal vez apunta a otro lugar, como hacen los vecinos de Amrum en la película. Ellos, que permitieron el nazismo, ahora rechazan y repudian a Nanning, a su hermano y a su familia. Ellos son ahora víctimas cuando fueron verdugos. Pero también se da a la inversa y en el presente.
Alemania, Israel y la guerra
“De una manera muy extraña, lo que describes que pasa en la película es exactamente lo que está pasando hoy en día en Alemania”, vuelve a reflexionar Akin. “Se trata de esconder y de encubrir lo sucedido y tomar otro camino”, apunta.
El director no habla del nazismo, sino de unos hechos mucho más actuales. “La postura que está tomando Alemania apoyando a Israel, siendo Team Israel, parece esconder e incluso olvidar las leyes de las Naciones Unidas. Está tomando partido. Está escondiendo los crímenes posicionándose a favor de los que antes fueron víctimas”, sentencia. Y gracias a este juego de espejos inesperado, La isla de Amrum tiene más sentido que nunca. Resuena en el espectador y en la crítica.
Ganadora en Barcelona
Hace justo una semana, días después de que Akin pasara por Barcelona en el marco del BCN Film Fest, la cinta conseguía llevarse el premio a la mejor película del certamen.
El jurado, formado por Joaquim Oristrell, Àngels Gonyalons y Miki Esparbé, supo ver que, a pesar de ser la cinta menos violenta, más reflexiva y más sosegada del director, no solo tenía todos los ingredientes que lo caracterizan, sino también un poso que habla a la sociedad de hoy. Ahora, a partir del 30 de abril, es el turno de que lo veo el público español.
Fuente: Crínica Global







