
Por José Armando Toribio
Hablar con Francisco Apolinar Taveras Guzmán, conocido por todos como «Pancho», es descubrir la historia de un hombre que encontró en la literatura una forma de transformar las vivencias cotidianas en relatos capaces de despertar la imaginación y el humor. Aunque lleva ese apodo desde la niñez, admite que nunca ha sabido de dónde surgió, incluso señala que su padre lleva el mismo nombre y nunca fue llamado de esa manera, sino con otro sobrenombre.
Pancho nació en Licey al Medio, en la comunidad ubicada donde termina la pista del aeropuerto, en la carretera conocida como La Chiva, y recuerda que cuando tenía entre siete y ocho años su familia se trasladó a Santiago, estableciéndose en el sector El Ejido, lugar donde creció y desarrolló gran parte de su vida.
Su amor por la lectura nació desde muy joven, acompañado siempre del gusto por escribir, especialmente poesías y décimas, inspirado por su admiración hacia el poeta popular Juan Antonio Alix, sin embargo, el camino hacia los cuentos comenzó a partir de una experiencia muy particular durante un examen médico de próstata, mientras esperaba acostado en una camilla y el médico se encontraba fuera del consultorio, aprovechó ese momento para imaginar cómo convertir aquella incómoda situación en una historia de ficción, una idea que terminó convirtiéndose en su primer cuento.
Ese relato recibió el nombre de «La Venganza del Chiquito», un cuento de tono jocoso en el que, según explica, el protagonista no es él, sino «el chiquito», que decide vengarse del maltrato recibido durante el examen médico, una historia que, aunque completamente ficticia, marcó el inicio de una nueva etapa como cuentista.
Desde entonces la escritura no ha dejado de acompañarlo, hasta el punto de publicar once libros de cuentos y una novela, obras que actualmente se encuentran disponibles para la venta en Amazon, aunque reconoce que desconoce cuál ha tenido mayor éxito comercial, ya que la plataforma únicamente le informa los ingresos correspondientes a las ventas realizadas.
Al preguntarle cuál considera su obra más significativa, responde que todas ocupan un lugar especial, aunque menciona con especial cariño el cuento «Verónica», escrito para un concurso literario con una extensión de veinticinco páginas, el más largo de su producción, además de llevar el nombre de su primera hija, razón por la que conserva un significado muy especial para él, también destaca otro de sus relatos titulado «El Niño», al que igualmente considera una de sus mejores creaciones.
Más allá de su producción literaria, Pancho manifiesta preocupación por el descenso del interés por la lectura, especialmente entre los jóvenes, entiende que las nuevas generaciones leen con frecuencia información en internet, pero considera que esa práctica no sustituye el hábito de leer libros, ya que muchas veces las consultas digitales responden únicamente a la necesidad de completar tareas escolares sin profundizar en el aprendizaje ni desarrollar plenamente el intelecto.
A su juicio, el Gobierno debe asumir un papel más activo en el fomento de la lectura, creando incentivos y espacios de competencia que despierten en los estudiantes el deseo de aprender más allá del simple cumplimiento de una asignación académica, convencido de que el fortalecimiento de la lectura contribuye directamente al desarrollo intelectual de las personas y al crecimiento cultural del país.
Lejos de pensar en retirarse de las letras, Pancho asegura que escribir forma parte de su vida cotidiana, incluso el mismo día de la entrevista había entregado un cuento para un concurso organizado por Radio Santa María, obra que escribió durante el fin de semana, mientras que la noche anterior ya había comenzado otro relato del que llevaba escrita aproximadamente la mitad.
Además de los cuentos, continúa escribiendo entre dos y tres poemas cada semana y trabaja en una novela de la que ya ha completado cerca de un tercio, reconoce que cuando pasan dos días sin escribir siente que algo no marcha bien, por lo que procura mantener el hábito de crear constantemente y espera que esa inspiración nunca desaparezca.
Para Francisco Apolinar Taveras Guzmán «Pancho», la escritura no es únicamente una expresión artística, sino una necesidad personal, una disciplina diaria y una pasión que nació de la lectura, se fortaleció con las experiencias de la vida y continúa alimentando una trayectoria literaria que sigue creciendo con cada nueva historia.







