
El secretario general de la ONU, António Guterres, llega a Damasco en la primera visita a Siria del máximo representante del organismo desde 2009
Después de trece noches consecutivas de bombardeos sobre territorio iraní y Teherán descartando cualquier rendición, Oriente Medio afronta el fin de semana sin certezas sobre hacia dónde escalará el conflicto. La tensión se ha extendido también al terreno naval y aéreo: las fuerzas estadounidenses dejaron fuera de servicio un petrolero que intentaba eludir el bloqueo de los puertos iraníes, mientras Arabia Saudí atacó posiciones de los rebeldes proiraníes, los conocidos como hutíes, en la ciudad yemení de Hodeidah tras una agresión contra un buque saudí en aguas del mar Rojo.
Con todo, a diferencia de las dos semanas anteriores, los mandos militares estadounidenses en la región no confirmaron este sábado ataques contra infraestructura civil y militar de la República Islámica. Después de amenazar con un “ataque masivo” y recordar que su país sigue “listo para la acción”, el presidente estadounidense, Donald Trump, aseveró que el diálogo entre Washington y Teherán continúa.
En cambio, siguiendo el mismo esquema de la mayor parte de la guerra, Irán atacó a varios de los aliados regionales de Washington. Teherán lanzó misiles y drones otra vez en dirección a la base jordana de Al-Azraq y a las infraestructuras aéreas de Sheikh, en Baréin, además de objetivos en Kuwait.
El centro de Operaciones de Comercio Marítimo de Reino Unido, vinculado a la Armada británica, informó además ayer de un incidente que implicó a militares y un petrolero cuando navegaba por aguas del golfo de Omán frente a la ciudad portuaria de Fujaira, en los Emiratos. Además, el régimen anunció que sus ataques contra intereses estadounidenses persistirán “hasta la rendición total del enemigo”, en palabras del secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohamad Baqer Zolqadr.
Por otra parte, además de atacar un buque saudí en el mar Rojo, los insurgentes chiíes leales a Irán reivindicaron ayer la autoría de dos ataques con proyectiles perpetrados contra ciudades situadas en el sur de Arabia Saudí, con lo que la escalada confirma un nuevo frente en la confrontación entre Teherán y Washington. Los hutíes rompieron la tregua el pasado día 13, cuando proyectiles dañaron la pista del aeropuerto de Saná, en una operación que el gobierno yemení reconocido por la ONU asumió, alegando que buscaba impedir el aterrizaje de un avión iraní con una delegación hutíes de alto nivel.
Los rebeldes culparon a Riad y respondieron lanzando misiles y drones contra el aeropuerto de Abha, en el sur saudí, en lo que constituía su primer ataque contra territorio saudí desde 2022. Después impusieron un embargo marítimo contra buques saudíes y han atacado petroleros en el mar Rojo.
Histórica visita de Guterres a Siria
Entretanto, diecisiete años y una guerra civil después, el secretario general de la ONU, António Guterres visitó ayer Damasco en el primer viaje de un máximo representante de la institución desde el que cursara Ban Ki-moon a Bachar al Asad en 2009. El nuevo presidente sirio, Ahmed al Sharaa, recibió al portugués en el Palacio del Pueblo, donde ambos abordaron el apoyo al desarrollo, la cooperación con Naciones Unidas y la reafirmación de la soberanía y la integridad territorial de Siria. Tras el encuentro, el portugués visitó la mezquita de los Omeyas, como hiciera el presidente francés Emmanuel Macron hace menos de tres semanas.
Según la portavoz del secretario general, Stéphane Dujarric, el viaje -que durará tres días en total- tiene como objetivo “sentar las bases para un futuro más estable e inclusivo para todos los sirios”. Guterres también tiene prevista una parada en la Fuerza de Observación de la ONU en la frontera con Israel. De fondo, una realidad que exige mucho más que gestos: 15,6 millones de sirios siguen necesitando ayuda humanitaria, aunque ya han regresado 1,9 millones de desplazados internos y 1,7 millones de refugiados.
Fuente: La Razón







