
El líder supremo refuerza al sector más duro del régimen mientras Teherán descarta negociar directamente con Washington
El líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, renovó este lunes la cúpula militar de la República Islámica con el nombramiento de seis altos cargos, un día después de la designación de un nuevo jefe de seguridad nacional, en una remodelación que refuerza el control sobre los principales aparatos militares y de seguridad del país en plena guerra con Estados Unidos e Israel.
Jamenei, quien fue nombrado líder supremo el 8 de marzo tras el asesinato de su padre y a quien no se ha visto en público desde entonces, anunció en sus redes sociales el nombramiento de Ali Abdolahi como nuevo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y de Ahmad Vahidi como comandante en jefe de la poderosa Guardia Revolucionaria.
Cambios dirigidos a «preparar respuestas oportunas»
Abdolahi sustituye así a Abdolrahim Musavi, asesinado el 28 de febrero en el primer día de la guerra con Estados Unidos, y Vahidi, que ocupaba el cargo en funciones, ocupa el lugar de Mohamad Pakpur, asesinado también en el inicio del conflicto. Kiumars Heydari ocupará el puesto de jefe adjunto del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y Mustafa Izadi será el subcomandante de la Guardia Revolucionaria.Play Video
Al mismo tiempo, Ali Azmaei estará a cargo de la Armada de la Guardia Revolucionaria, cuerpo que mantiene el bloqueo del estrecho de Ormuz, en sustitución de Alireza Tangsiri, muerto en un ataque estadounidense-israelí a finales de marzo. Por su parte, Hossein Taeb queda al frente de la milicia Basij, cuerpo paramilitar de voluntarios islámicos con gran influencia en la sociedad iraní y que cuenta con cuatro millones de miembros repartidos por colegios, universidades, fábricas, oficinas gubernamentales o mezquitas.

La renovación de la cúpula militar llega un día después del nombramiento de Mohsen Rezaei como nuevo secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, el máximo órgano de seguridad de Irán, en el que ejercerá además como representante del líder supremo. Rezaei, de 71 años y veterano comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria considerado un ultraconservador, se erige así en el enlace principal entre el Ejército, el Gobierno y el estamento clerical que dirige el país.
Jameneí explicó en X que el objetivo de los nombramientos es «preparar respuestas oportunas, revolucionarias y eficaces ante cualquier nivel y tipo de amenazas convencionales o modernas —ya sean militares, cognitivas o híbridas— contra el sistema sagrado de la República Islámica de Irán».
El sector más radical gana terreno
Durante su larga carrera ha ocupado puestos de enorme importancia dentro del organigrama político iraní: además de comandar a la todopoderosa Guardia Revolucionaria, ha sido vicepresidente para Asuntos Económicos y secretario del Consejo del Discernimiento, un enlace entre el Parlamento y el Consejo de los Guardianes, encargado de vetar a los candidatos presidenciales o a los miembros de la Asamblea de Expertos que acaban eligiendo al líder supremo.
Según los especialistas, el relevo supone un endurecimiento del control del líder supremo, el ayatolá Mojtaba Jamenei, sobre la Guardia Revolucionaria y la toma de decisiones, dado que Rezaei ha expresado escepticismo sobre negociar con Washington. En suma, el sector más radical del sistema gana terreno en un momento en el que aún está en marcha la guerra iniciada hace casi seis meses con bombardeos de Estados Unidos e Israel.
Teherán insistió además este lunes en que no mantiene negociaciones con Estados Unidos, aunque reconoció que continúa el intercambio de mensajes a través de intermediarios como Catar y Pakistán. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Ismail Baqaei, aseguró que las conversaciones que Irán mantiene actualmente con Omán se limitan a determinar una nueva ruta segura de navegación por el estrecho de Ormuz y no implican su reapertura ni la participación de Washington. «Seguimos en una situación de guerra», afirmó el diplomático, que condicionó cualquier reapertura al levantamiento del bloqueo naval estadounidense y del resto de medidas impuestas contra la República Islámica.
Crecen las diferencias entre Israel y EEUU
En paralelo, el rechazo del Gobierno de Israel al plan de Trump para Gaza el pasado domingo marca un nuevo distanciamiento entre Benjamin Netanyahu y el presidente de EE UU -las fricciones ya habían saltado al respecto de las negociaciones con Irán- y, sobre todo, complica aún más el futuro del acuerdo, aunque lo ocurrido cabía como posibilidad en los cálculos de las partes.
El primer ministro israelí, cuyos movimientos están todos ya condicionados por las elecciones del próximo 27 de octubre, exige el desarme total y verificado de Hamás antes de cualquier retirada, y la organización islamista palestina condiciona entregar sus armas a que Israel se retire primero y cese los ataques, que no han dejado de producirse a pesar del alto el fuego oficial. Cada parte espera que la otra mueva ficha primero y el calendario para aplicar las obligaciones de cada parte sigue sin resolverse.
Con todo, Israel sigue negociando con EEUU y ha reducido sus ataques en los últimos días, lo que indica que el rechazo al plan propuesto por la Junta de Paz no es un cierre definitivo de puertas. Sobre el terreno, la violencia continúa pese al alto el fuego nominal, con más de mil muertos desde octubre, y las tropas israelíes controlan más territorio del pactado en la «línea amarilla» original. Naciones Unidas recordaba en las últimas horas la «catastrófica situación» respecto de los derechos humanos de la población de la Franja.
El episodio expone y amplifica las ambigüedades que ya tenía el plan sobre seguridad y administración transitoria, y confirma la fricción de fondo entre Trump y Netanyahu. Egipto, Turquía y Hamás presionan para que Washington obligue a Israel a cumplir. Netanyahu, con los primeros comicios desde el 7 de octubre de 2023 y la guerra a la vuelta de la esquina, y una base derechista hostil al plan —las encuestas lo sitúan igualado o por detrás de sus rivales—, tiene pocos incentivos inmediatos para ceder pronto.
Netanyahu descarta la creación de un Estado palestino
Así, el plan, anunciado por Trump el 30 de julio pasado como un «acuerdo histórico para el desarme completo de Hamás y todos los demás grupos en Gaza», preveía que las fuerzas israelíes se retiraran de partes de la Franja a medida que el desarme se fuera completando, con una fuerza internacional de estabilización y una nueva policía palestina encargadas de la seguridad. Netanyahu exige lo contrario: desarme total y verificado antes de cualquier repliegue, y ha calificado algunas de las ideas estadounidenses de «inaceptables». También reiteró su negativa de fondo a cualquier forma de estatalidad palestina: «Mientras yo sea primer ministro, no se creará ningún Estado palestino, ni en Cisjordania ni en Gaza».
Las reacciones no se hicieron esperar. Hamás manifestaba su «firme compromiso» con el plan de 15 puntos y la exigencia de cumplimiento de todas sus etapas. Un miembro de su oficina política, Bassem Naim, pidió a los mediadores y a Washington «garantizar el compromiso» de Israel con lo acordado y «evitar cualquier violación» de lo suscrito. La organización islamista palestina condiciona la entrega de sus armas pesadas a que Israel ponga fin a los ataques y retire sus fuerzas.
Dos de las potencias regionales mediadoras junto a Washington y Doha, Egipto y Turquía, insistieron en la necesidad de implementar el plan de paz tal como fue acordado. El canciller egipcio, Badr Abdel Aati, mantuvo una llamada con el director general de la Junta de Paz, Nikolai Mladenov, en la que subrayó la importancia de cumplir con la implementación de todo lo acordado. El búlgaro aseguraba que el plan sigue siendo «la única vía a seguir» para evitar una nueva vuelta a las andadas.
Por su parte, el presidente de EE UU, Donald Trump, ha evitado referirse aún en público al rechazo israelí a su plan. Sobre el documento, el mandatario había dicho el día 30 que es un paso crítico para que «Gaza finalmente esté en manos de un nuevo gobierno palestino que sirva a su pueblo», y que, a la vez, «Israel tendrá la seguridad que merece, sin que Gaza vuelva a usarse como base para ataques terroristas».
Fuente: La Razón





