
La imagen ha reabierto dentro del Partido Socialdemócrata un debate que arrastra desde la invasión rusa de Ucrania
Gerhard Schröder volvió a aparecer hace unos días junto a Vladimir Putin. Las fotografías difundidas por el Kremlin muestran al excanciller alemán estrechando la mano del presidente ruso durante la celebración de su 74 cumpleaños. Schröder se encontraba en Moscú por motivos empresariales cuando, según la versión del Kremlin, Putin supo de su presencia en la capital y decidió invitarlo a su residencia.
La imagen ha reabierto dentro del Partido Socialdemócrata (SPD) un debate que arrastra desde la invasión rusa de Ucrania y que todavía no ha conseguido resolver. Schröder mantiene una estrecha relación personal y empresarial con Moscú, pero continúa militando en la formación que dirigió entre 1999 y 2004.
La situación es tal que la oficina del SPD en Oberpfalz, en Baviera, aprobó el sábado por unanimidad una resolución que reclama a la dirección federal la apertura de un nuevo procedimiento disciplinario para expulsarlo. La petición se apoya tanto en la visita a Putin como en su reciente incorporación al consejo de supervisión de una empresa rusa y sostiene que esa cercanía con el Kremlin perjudica la credibilidad del partido. El presidente del SPD, vicecanciller y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, calificó el encuentro de “completamente inaceptable” y recordó que Rusia mantiene una guerra que ha causado un enorme sufrimiento en Ucrania.
Las críticas son compartidas por otros dirigentes socialdemócratas, aunque dentro del partido persisten las dudas sobre las posibilidades reales de que un nuevo intento de expulsión pueda prosperar.Play Video
Por ahora, la presión se limita al terreno político. El SPD de Hannover, al que pertenece Schröder, confirmó este martes a la televisión regional NDR que no se había presentado todavía la solicitud necesaria para abrir un nuevo expediente. El antecedente explica buena parte de las dudas. Varias agrupaciones socialdemócratas ya trataron de expulsarlo después de la invasión rusa de Ucrania y el procedimiento terminó sin éxito en 2023.

Las dos primeras instancias internas concluyeron que no se había demostrado una infracción que justificara una sanción y la Comisión Federal de Arbitraje rechazó después los últimos recursos por razones procesales, sin volver a entrar en el fondo del caso. Para expulsar a un militante no basta con que sus posiciones provoquen un rechazo profundo dentro del partido; las normas del SPD exigen demostrar que ha incumplido deliberadamente sus estatutos o vulnerado de forma grave sus principios y que esa conducta haya causado además un perjuicio serio a la organización.
Ese fue el obstáculo en el procedimiento anterior y explica por qué algunos socialdemócratas consideran inútil repetirlo sin argumentos jurídicos nuevos. Ralf Stegner, diputado del SPD y partidario de mantener abiertos algunos canales de diálogo con Moscú, ha defendido que los contactos de Schroeder con Putin podrían resultar útiles si algún día ayudan a acercar un alto el fuego. No existe, sin embargo, ninguna indicación de que la última visita tuviera una finalidad negociadora.
El viaje coincidió además con el regreso de Schröder a una empresa rusa. El pasado 30 de septiembre se anunció su incorporación al consejo de supervisión de Hyperglobus, una cadena de supermercados procedente del antiguo negocio ruso del grupo alemán Globus y que desde enero de 2025 funciona como una sociedad jurídica y operativamente independiente. Entre sus funciones figuran cuestiones relacionadas con la dirección general y la estrategia de la compañía. Un nombramiento que ha vuelto a poner el foco los vínculos empresariales que Schröder mantiene con Rusia desde que dejó la Cancillería en 2005, primero a través de Nord Stream y más tarde desde la petrolera Rosneft, después de haber impulsado durante sus años al frente del Gobierno una política de acercamiento político y energético a Moscú.
El SPD ha revisado de forma crítica esa política desde la invasión de Ucrania y buena parte de sus dirigentes se ha distanciado públicamente del excanciller. Schröder calificó la invasión de error, pero nunca rompió su amistad con Putin. La visita provocó también una reacción muy dura del actual Gobierno. El canciller Friedrich Merz se mostró “profundamente indignado” y, a través de su portavoz, consideró “prácticamente inmoral” que uno de sus predecesores celebrara el cumpleaños del presidente ruso mientras continúa la guerra. Los ministerios de Exteriores e Interior aseguraron además que desconocían previamente el viaje y Exteriores precisó que la embajada alemana en Moscú no le prestó asistencia. Schröder continúa dentro del SPD pese al rechazo que provoca entre buena parte de sus dirigentes. La resolución aprobada en Oberpfalz ha devuelto la expulsión a la agenda del partido, aunque el paso necesario para poner en marcha otro procedimiento todavía no se ha producido.
Fuente: La Razón





